Ciudad de México 8 junio 2026.- El discurso oficial de transformar a México en una potencia científica choca de frente con la realidad de las finanzas públicas. A pesar de que el sector de Ciencia y Tecnología experimentó un incremento presupuestal del 17% durante 2025 —alcanzando un ejercicio real de 38 mil 915 millones de pesos en el Ramo 38—, el destino de estos recursos revela un abandono casi total de los laboratorios y el equipamiento especializado.
Un análisis detallado de la Cuenta Pública 2025, elaborado por el centro de investigación Fundar, pone al descubierto que la inversión física en el sector es marginal e insuficiente. De cada 100 pesos ejercidos, 74 se destinaron al pago de becas y estímulos, 21 a salarios y servicios operativos, y menos de un centavo se reservó para la adquisición de equipo o la mejora de instalaciones. De los 25 Centros Públicos de Investigación (CPI) adscritos a la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti), sólo El Colegio de la Frontera Sur recibió recursos para infraestructura, con una bolsa de apenas 2.3 millones de pesos.
La paradoja del talento sin herramientas
Esta asimetría presupuestal mantiene al sector en un esquema de gasto corriente que imposibilita la renovación tecnológica. Expertos y organizaciones como la Red ProCiencia MX advierten que el instrumental científico de frontera en el país está quedando obsoleto, carece de refacciones y opera sin soporte técnico debido al estrangulamiento de la partida 5000 (mobiliario e instrumental).
«Una potencia científica requiere infraestructura, y no se está invirtiendo en ella; por el contrario, se está deteriorando la poca que logramos construir a lo largo del tiempo», señaló en entrevista Gabriela Dutrénit, especialista en evaluación de políticas de ciencia y tecnología. La investigadora matizó que, si bien este rezago es herencia de múltiples administraciones pasadas, la situación se ha agudizado de forma crítica.
El análisis resalta una contradicción estructural: durante 2025 se financiaron 96 mil becas de posgrado con una inversión de 14 mil 743 millones de pesos. Sin embargo, la comunidad académica advierte que formar investigadores altamente especializados para luego insertarlos en laboratorios desmantelados representa un desperdicio de capital humano que propiciará la fuga de cerebros. Asimismo, aunque el Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII) creció un 2% hasta alcanzar los 44 mil 794 miembros, este aumento se dio bajo flexibilizaciones de criterios de la gestión anterior que hoy generan incertidumbre y tensiones por los recientes cambios normativos sin consenso.
Proyectos políticos y opacidad presupuestaria
La presión sobre el gasto de investigación se incrementó este año con la incorporación formal de la Universidad Nacional Rosario Castellanos (UNRC) al presupuesto del Ramo 38. Esta modificación, impulsada por la titular de la Secihti, Rosaura Ruiz, mezcla los fondos de investigación científica con los de educación superior general. Dutrénit calificó este movimiento como una decisión «totalmente política», argumentando que estas instituciones operan como escuelas de enseñanza donde no se realiza investigación de punta, lo que desvirtúa y atomiza el presupuesto del sector.
Por otra parte, los pocos recursos que no se atomizaron en el gasto corriente se etiquetaron bajo criterios de asignación directa del Gobierno federal. Un total de mil 508 millones de pesos se canalizaron a través de los Programas Nacionales Estratégicos (Pronaces) para proyectos de desarrollo tecnológico seleccionado, tales como el auto compacto Olinia, el autobús eléctrico Taruk, el litio y los semiconductores. No obstante, áreas clave de la ciencia básica han quedado marginadas de estos apoyos.
A esta discrecionalidad se suma la falta de transparencia. Fundar alertó que la Cuenta Pública omitió presentar la información desagregada de los montos asignados a cada uno de estos proyectos estratégicos, careciendo de indicadores claros de avance o plazos de entrega, lo que impide una auditoría ciudadana y legislativa eficaz.
Actualmente, México se mantiene estancado al destinar apenas entre el 0.28% y el 0.31% de su Producto Interno Bruto (PIB) a la investigación y desarrollo experimental, una cifra muy alejada del promedio global del 2%. Ante este panorama, el ecosistema científico nacional enfrenta un debilitamiento progresivo: un escenario donde hay más becarios y más reconocimientos, pero laboratorios cada vez más vacíos y obsoletos.