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Agencia Reforma

Monterrey, NL 11 octubre 2026.- Cuando escribía «El ejército ciego», David Toscana buscaba transmitir una idea: las personas ciegas no son seres desvalidos, sino mujeres y hombres capaces de enfrentar la adversidad y percibir el mundo más allá de la vista.

 El regiomontano compartió esta reflexión durante la presentación de su novela en la Feria Internacional del Libro Monterrey, acompañado por el también narrador Élmer Mendoza, con quien sostuvo una conversación marcada por el humor y la complicidad.

 Ganadora del Premio Alfaguara de Novela 2026, la obra parte de un episodio de la historia medieval: el castigo que el emperador bizantino Basilio II impuso a miles de prisioneros búlgaros, a quienes ordenó cegar.

 La presentación despertó una respuesta entusiasta del público, que incluso hizo sonar una matraca entre los asistentes.

 Durante el encuentro, Toscana habló del origen de la escritura eslava eclesiástica y del proceso de construcción de sus personajes, concebidos para representar las distintas experiencias de quienes padecieron aquel castigo.

 «En algún momento me llegó la pregunta de: ‘¿con cuántos personajes puedo contar una historia de 15 mil personas'», indicó.

 El novelista también propuso una reflexión sobre la lectura: a diferencia de las imágenes cinematográficas, que muestran una misma representación a todos los espectadores, las palabras permiten que cada lector construya su propio universo.

 Desde esa perspectiva, sostuvo que leer es, en cierto sentido, un acto para ciegos, porque la experiencia literaria depende de la imaginación, la memoria y la capacidad de percibir aquello que no está a la vista.

 «De qué le sirve a la gente ver «La Odisea» en película, si todos ven lo mismo. En cambio, cuando leemos «La Odisea» de Homero cada quien lee su propia Odisea.

 «Para mí se convirtió en un modo de darle más fuerza a la palabra», dijo. «Ahí donde desaparecen las imágenes aparece la palabra, aparece la imaginación, aparece lo que no se ve pero percibimos».

Por enportada

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