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Monterrey, NL 10 octubre 2026.- David Toscana y Gioconda Belli encabezan la FIL Monterrey 2026, que reúne a cientos de autores con entrada gratuita en Cintermex.

David Toscana narra en El ejército ciego, novela ganadora del Premio Alfaguara 2026, la crueldad de los gobernantes y la fortaleza de las víctimas en la Bulgaria medieval. En entrevista, el escritor regiomontano reflexiona también sobre el México contemporáneo.

La poeta y novelista nicaragüense Gioconda Belli, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2023, vuelve la mirada a su pasado revolucionario, al amor, al cuerpo femenino y a los ideales que mantiene a los 77 años.

Ambos comparten una mirada crítica sobre su tiempo y reivindican la escritura como una forma de entender el mundo. Las versiones íntegras de las entrevistas las puedes leer en elnorte.com Los dos forman parte de los cientos de autores e invitados que participarán en la edición 34 de la Feria Internacional del Libro Monterrey, organizada por el Tec de Monterrey.

Con El Colegio Nacional como invitado de honor, la fiesta literaria se realizará desde hoy y hasta el 18 de octubre en Cintermex. La inauguración, a las 16:00 horas, estará a cargo del historiador Enrique Krauze y del escritor argentino Alberto Manguel.

La entrada es gratuita.

Programa completo: feriadellibromonterrey.mx.

David Toscana

EXPLORA TOSCANA LAS SOMBRAS DEL PODER

El poder cambia de rostro y de época, pero para David Toscana conserva una pulsión que atraviesa los siglos: no siempre le basta gobernar o vencer; con frecuencia necesita someter.

Esa idea gravita sobre «El ejército ciego», novela ganadora del Premio Alfaguara que el regiomontano presentará hoy sábado, a las 13:00 horas, en la Feria Internacional del Libro Monterrey.

La historia parte de un episodio del siglo 11: el ejército búlgaro derrotado y cegado por orden del emperador bizantino Basilio II. Desde ahí, Toscana construye una ficción sobre la derrota, la humillación y la capacidad de seguir viviendo.

«Nunca hemos sabido por qué los gobernantes no quieren simplemente gobernar, administrar y darnos los beneficios de esa administración, sino que lo que quieren es poder perpetuarse, acabar con los enemigos, aplastar ciertas libertades».

Aunque transcurre hace mil años, la novela plantea preguntas que el autor encuentra vigentes.

«Lo estamos viendo ahora mismo en en México, en Estados Unidos, en tantos lugares. En Nicaragua, por supuesto. Hace mucho que lo vemos en muchos otros lugares».

Su reflexión alcanza a la Cuarta Transformación, cuyo debilitamiento de los contrapesos, considera, terminará afectando las libertades.

«Esto es lo principal que que le estorba la 4T, por eso ya no hay división de poderes», dice. «Y a partir de que no hay división de poderes iremos viendo poco a poco cómo se drenan, se gastan las libertades».

También cuestiona a la Presidenta Claudia Sheinbaum, cuya administración considera inseparable de la herencia de Andrés Manuel

López Obrador.

«Pensar que que Claudia se puede divorciar del pasado, que se puede divorciar de López Obrador, de ‘Andy’, pues, ya no hay marcha atrás, ya controlan todas las esferas del poder y por eso empiezan a lanzarse contra lo que se llamaba el cuarto poder, la prensa».

La libertad de expresión es otra de sus preocupaciones. Toscana considera que la crítica incomoda cada vez más al poder y que los periodistas enfrentan riesgos que antes alcanzaban también a los escritores.

«Ya empieza incomodar la crítica y sale esta singular ley que dicen que no es antimeme, pero que sí lo es», comenta.

«A los escritores ya no nos persiguen porque parece que escribimos sobre fantasías, ya no tenemos esta influencia que se tuvo en un pasado. Ahora son los periodistas».

La literatura, observa, encuentra en las zonas oscuras del poder un territorio fértil. De ahí la presencia de dictadores en las novelas latinoamericanas.

«Cuando vemos Latinoamérica claro que escribimos sobre los dictadores, porque la literatura siempre trata el lado oscuro del ser humano».

Se pregunta incluso si existe una literatura de la democracia. Un gobernante respetuoso de las reglas, sugiere, difícilmente ofrece el mismo potencial dramático que un tirano.

«Creo que, en vez de tener un personaje dictador, como lo tiene Vargas Llosa, como lo tiene García Márquez, si tuviéramos la idea de un presidente demócrata a lo mejor no es tan dramática la novela, no nos lleva a reflexionar, simplemente sería el mundo feliz e ideal».

Otra interrogante lo acompaña: si el poder transforma a quien lo obtiene o simplemente revela lo que ya estaba en esa persona.

«Hay una frase que debe tener 2000 años o más es que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Entonces ahí tampoco tampoco ha cambiado el ser humano.

¿Qué sería de nosotros si estuviéramos muy cercanos al poder? No lo sé».

Sin embargo, no considera inevitable la corrupción. Cree que existen personas con convicciones y principios suficientes para resistirla, aunque muchas prefieren mantenerse alejadas de la política.

«Sé que no todo el mundo cae. Sé que hay hay gente con suficiente fuerza y convicción en lo que cree, de lo que le enseñaron sus padres, con cierta ética personal».

«Por eso mucha gente no se acerca, porque está tan desacreditada la política. Mucha gente de bien ya ni siquiera se quiere acercar para no enlodarse».

Pese a sus opiniones, Toscana evita convertir a sus personajes en portavoces de discursos políticos. Le interesa explorar al individuo antes que a la sociedad como abstracción.

«Cualquiera de mis personajes dejaría de ser ‘toscaniano’ si empieza a hacer una reflexión sobre el poder, si empieza a hacer una reflexión sobre la sociedad».

INVENTAR DONDE CALLA LA HISTORIA

La Historia le ofrece a Toscana el territorio; la ficción, la posibilidad de entrar donde los documentos ya no pueden hacerlo.

Establece una diferencia entre la novela histórica y una obra como «El ejército ciego», que toma como punto de partida un acontecimiento real.

«Entonces, a partir de de simplemente basarte en un hecho histórico, tú puedes tomarte las muchas libertades, mucha invención. Y si decides una novela histórica, entonces te tienes que acercar un poco a lo que pudo ser la la realidad».

El historiador, explica, necesita documentos, testimonios, vestigios y pruebas. Sobre aquellos soldados cegados, en cambio, quedaron suficientes vacíos para que pudiera intervenir el novelista.

Toscana también cuestiona la idea de que el historiador pueda desprenderse completamente de su propia mirada.

«Pero muchos historiadores viven con la fantasía de que de que son imparciales», comenta.

La historia, agrega, despierta pasiones y puede ser narrada de manera distinta dependiendo de quién la escriba. Para él, esa subjetividad no invalida el trabajo histórico.

«No voy a decir que esté mal, creo que la que la Historia es una de las grandes pasiones del del ser humano y entonces el historiador frío difícilmente existe».

Él asume abiertamente las libertades de la ficción.

«Me he ido a a Varsovia, me he ido a otros lugares y creo que hay que depender de todo lo que puedas documentarte, pero al final, como en ningún caso he querido hacer novela histórica, al final no estoy buscando la verosimilitud, sino la seducción».

Alguna vez le preguntaron cómo podía escribir sobre Bulgaria sin hablar búlgaro.

«Y le dije: ‘Es que los búlgaros tampoco hablan búlgaro del año 1000′».

LO QUE LE ENSEÑARON LOS CIEGOS

Escribir la novela también transformó la mirada del propio Toscana.

Cuando conoció el episodio histórico imaginó inicialmente a aquellos hombres como seres derrotados, aplastados por la mutilación y la humillación. Después comenzó a leer testimonios y a observar de otra manera a las personas ciegas que encuentra cotidianamente en Madrid, donde reside.

Esas personas terminaron enseñándole algo que no había previsto al concebir el libro.

«Ahí fue cuando decidí ya la forma de escribir esta novela porque dije: ‘Los ciegos no son gente derrotada'».

La idea inicial dio paso a otra percepción: vivir sin el sentido de la vista exige un valor cotidiano que quienes ven difícilmente alcanzan a comprender.

«Son gente bastante osada, hacen cosas que nosotros no nos atreveríamos. Tú sales a la calle, cierra los ojos y da 10 pasos y ya tienes miedo. Y esta gente vive en esa en esa realidad, tienen que ser mucho más osados que nosotros».

Ese descubrimiento cambió la construcción de los protagonistas. Toscana los había concebido inicialmente bajo la sombra de Edipo y de aquella sentencia según la cual más valdría no existir que vivir ciego.

Una de esas personas terminó rebelándose contra esa mirada.

«Dijo: ‘No, no, no, yo sigo amando, bailo, canto, me emborracho, vivo'», expresa el autor de novelas como «Olegaroy», «El último lector» y «Duelo por Miguel Pruneda».

ESCARBAR HASTA ENCONTRAR ORO

Después de más de tres décadas escribiendo, encontrar una historia que realmente lo entusiasme sigue siendo indispensable.

Toscana confiesa que ahora mismo está sin una nueva novela definida. Tiene cuatro o cinco proyectos bastante desarrollados, algunos de hasta 200 páginas, que ha preferido guardar porque todavía no encuentra en ellos aquello que los haga vivir.

Cuando pierde el entusiasmo por lo que está contando, prefiere detenerse.

«Me empiezo a dar cuenta de que no me apasiona tanto lo que estoy contando y si no me apasiona a mí, pues que será de lector».

No descarta regresar algún día a esos manuscritos.

«Siempre he pensado que la literatura se escarbar escarbar hasta que encuentras el oro».

Ese proceso de descubrimiento es también su antídoto contra la repetición. Prefiere enfrentarse a un universo que lo obligue a investigar antes que contar aquello que ya conoce demasiado bien.

Con El ejército ciego ocurrió precisamente eso: cuando comenzó, admite, no sabía nada sobre la Bulgaria medieval. Investigó hasta apropiarse de ese universo y, durante una presentación de la novela en Bulgaria, vivió una suerte de examen inesperado.

Entre el público había un historiador especializado en la Edad Media.

«Y estaba yo temblando», asegura. El especialista terminó elogiando la novela.

«Me encantó tu novela y todo lo que cuentas está bien puesto y demás», le dijo.

Para Toscana, ése es uno de los placeres de la literatura: internarse en lugares que desconoce, leer memorias, consultar mapas y reconstruir espacios hasta convertir un territorio extraño en espacio narrativo.

UNA AMBICIÓN INTACTA

Han pasado 34 años desde que publicó «Las bicicletas», en 1992. Toscana recuerda que él y otros escritores regiomontanos de su generación, como Eduardo Antonio Parra y Hugo Valdés, compartían entonces una aspiración: conseguir que una editorial de la Ciudad de México los publicara.

«Nuestra mayor ambición era publicar en una editorial del DF. Ese era el gran

logro».

Después llegaron más novelas, traducciones y reconocimientos, pero asegura que nunca ha escrito pensando en conseguir galardones.

Su ambición literaria sigue siendo esencialmente la misma que cuando comenzaba, aunque ahora posea más recursos como narrador.

«Simplemente escribes la ambición sigue siendo la misma que al principio, quizás ahora tengo más herramientas para decir lo que quiero y siempre he querido escribir es una obra maestra. Eso es lo que siempre he perseguido».

-¿Y qué le diría el Toscana de hoy a aquel joven que en 1992 veía aparecer su primera novela?

LA RESPUESTA LLEGA CON HUMOR

«Si si yo pudiera hablar con aquel le hubiera dicho nada más: ‘No publique ‘Las bicicletas’, espérate tantito'».

Ni siquiera después de recibir reconocimientos importantes Toscana parece dispuesto a convertir los premios en objetivo. Cuando se le pregunta por el Cervantes, descarta que trabaje pensando en conseguirlo.

Considera que ciertos galardones requieren relaciones, presencia institucional y gestiones a las que no está dispuesto a dedicar su tiempo.

«Hay premios que necesitan que en verdad les les dediques y que hagas relaciones, lobbying, que empujes de algún modo las cosas».

Su temperamento, asegura, está lejos de ese circuito.

«Y pues me conoces un poco que no ando detrás de esto, que la política no se me da, que que simplemente me siento escribir y que que venga lo que venga».

SUS LECTORES IMAGINARIOS

Toscana tampoco escribe pensando en una multitud anónima. Para él, la escritura sigue siendo un acto de comunicación y necesita imaginar a alguien del otro lado.

Desde hace años sigue el consejo atribuido a un antiguo griego: imaginar que sus héroes literarios observan por encima de su hombro cada frase.

Los suyos son Juan Rulfo, Juan Carlos Onetti y Miguel de Cervantes.

«Entonces, yo tengo la vida entera que que no escribo para un taller literario ni para mis amigos ni para algún lector, sino que atrás tengo a Rulfo, a Onetti y a Cervantes».

Son ellos quienes, imaginariamente, someten a examen cada línea.

«Y y yo voy escribiendo las frases y tengo que voltear hacia atrás para para ver si se están burlando de mí o si me o si me aceptan la frase.

Entonces, ellos serían mis mis lectores».

Más de tres décadas después de «Las bicicletas», la búsqueda permanece intacta: encontrar una historia que lo obligue a explorar algo que todavía desconoce y, acaso, acercarse a aquella obra maestra que persigue desde el principio.

Y Monterrey conserva un lugar especial. La razón es sencilla: saber que aquí también tiene lectores. Pese a los años y la distancia, mantiene un vínculo cotidiano con la ciudad.

«La prueba es que sigo leyendo EL NORTE cada día».

ASISTE

Presentación de «El ejército ciego», de David Toscana.

Sábado 10 de octubre, 13:00 horas.

Auditorio JAC de Cintermex.

David Toscana y Élmer Mendoza.

Organizan: Penguin Random House y FILMTY.

Gioconda Belli

‘SIGO SIENDO LA MISMA QUIJOTA’

Gioconda Belli mira hacia atrás sin renunciar a la mujer que fue. La poeta y novelista nicaragüense ha atravesado revoluciones, exilios y transformaciones personales mientras construía una obra en la que vida y literatura han avanzado siempre de la mano.

Belli (Nicaragua, 1948) es autora de «La mujer habitada», «El infinito en la palma de la mano» y «El país bajo mi piel». Es ganadora del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2023, el Biblioteca Breve y el Sor Juana Inés de la Cruz.

De visita en Monterrey para participar en la Feria Internacional del Libro, la autora conversa sobre el paso del tiempo, la escritura, los ideales que aún conserva y esa patria que, lejos de Nicaragua, ha debido aprender a encontrar también en otros lugares.

– Cuando mira a la joven Gioconda Belli que creyó en la Revolución y se involucró en ella para transformar Nicaragua, ¿qué reconoce todavía de sí misma en aquella mujer?

Sigo siendo la misma Quijota. Por desgracia siguen pendientes las razones por las que opté por una vida comprometida con mi tiempo. Hoy pienso que los nicaragüenses somos un poco como Sísifo, subimos la roca y se nos vuelve a caer.

«Pienso que mis sueños de cambio social no los veré cumplidos en mi tiempo de vida -vivimos muy poco tiempo y el tiempo histórico es largo- pero quiero creer y he decidido creer en que la humanidad tendrá que llegar a dominar el hambre y las injusticias sociales. Tengo un perverso optimismo.

– Su poesía convirtió muy pronto el cuerpo femenino en territorio de libertad y celebración. A los 77 años, ¿cómo ha cambiado su relación literaria con el cuerpo, el deseo y el paso del tiempo?

«Me he dado cuenta de lo importante que fue para muchas mujeres mi atrevimiento. Posiblemente es lo más importante que he hecho en mi vida.

Escribir sobre la importancia del cuerpo como la maravillosa antena que es para recibir todos los estímulos de la vida y hacernos sentir vivos, no es para mí una decisión intelectual, nace de mi propia experiencia vital.

«El paso del tiempo no borra la esencia de quien soy, la modifica, pero el deseo, el amor, no desaparecen».

– Ha escrito desde identidades que muchas veces se cruzan: mujer, madre, revolucionaria, feminista, poeta, novelista, exiliada. ¿Hay alguna de esas Giocondas que ya no reconoce como propia y alguna que haya terminado por imponerse?

«La mujer escritora es la que se ha impuesto. Haber podido convertir en palabras que hagan eco en los demás, mis experiencias como mujer, madre y todos esos roles que me tocó habitar en la vida, le han dado sentido a mi existencia, un sentido que me trasciende y me da una sensación de pertenencia a la humanidad de la que soy parte».

– Está escribiendo sobre Enheduanna, considerada la primera autora conocida de la Historia, hace más de 4 mil años. ¿Qué encontró en ella que dialoga con una escritora del siglo 21 marcada también por la poesía, el poder y el exilio?

«Enheduanna no sólo se percató de que su escritura tenía el sello particular de su particular existencia, sino que no omitió afirmarlo. No quiso ser invisible, que era el sino de la mayoría de las mujeres, se hizo ver. Su poesía es muy bella y muy rebelde.

Ella también sufrió por sus palabras, fue exiliada y humillada. Tampoco ha recibido el reconocimiento debido.

«Por eso me motivó la idea de escribir sobre ella porque apenas se conoce que fue la primera autora en la historia. Mil quinientos años antes de Homero, ya Enheduanna escribía».

– ¿Dónde siente que está su verdadera patria: en Nicaragua, en la lengua, en sus libros, en la memoria o en otro lugar?

«A ese país que amo, se han sumado otras patrias, las patrias que encuentro en los amigos, en mis colegas escritoras, las patrias de los libros, del idioma común; es curioso, pero el exilio al hacernos vulnerables también nos hace ser más permeables».

ASISTE

Lectura de poesía de Gioconda Belli

14 de octubre, 19:30 horas.

Salón de Poesía Vaso Roto, Cintermex.

Organizan: Cátedra Alfonso Reyes y FILMTY.

«Gioconda Belli: Conversación sobre su obra».

15 de octubre, 18:00 horas.

Auditorio JAC, Cintermex.

Participan: Gioconda Belli y Dalina Flores.

Organizan: Cátedra Alfonso Reyes, FILMTY y Centroamérica Cuenta.

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