Ciudad de México 9 de junio de 2026.- En el marco del centenario luctuoso de Antoni Gaudí (1852-1926), la editorial Vaso Roto ha lanzado al mercado hispanohablante el volumen El arte de Gaudí. Esta obra recopila la producción crítica y poética que el célebre simbólogo y escritor español Juan Eduardo Cirlot dedicó al arquitecto catalán entre 1950 y 1966, ofreciendo una vía de acceso radicalmente distinta a la historiografía técnica tradicional.
A diferencia de los análisis académicos centrados en el cálculo estructural o la disciplina constructiva, la propuesta de Cirlot —quien habitó el conjunto de La Pedrera durante su infancia— radica en traducir la arquitectura gaudiniana a través de un equivalente emocional y místico. El investigador y arquitecto español Enrique Granell, responsable de la edición del libro, destaca que el principal valor de Cirlot es su capacidad para aproximarse a la obra desde «el fuego de la creación», desmarcándose de la frialdad analítica del funcionalismo y el cubismo de la época.
Para Cirlot, las formas de la Sagrada Familia, el Park Güell o la Casa Batlló no respondían a la lógica racionalista del ángulo recto, sino a un pulso orgánico, visceral y cercano a la asimetría de la naturaleza. Sus textos retratan a un Gaudí cuya genialidad estuvo intrínsecamente ligada a un sufrimiento creador extremo y a un aislamiento personal absoluto, elementos que definen al artista puro. De acuerdo con Granell, la complejidad del modernismo catalán se asemeja a un laberinto inexpugnable al que sólo es posible ingresar mediante la intuición poética o el rapto estético.
La publicación abre también el debate sobre el destino actual del patrimonio edificado por el genio catalán. En la década de 1950, Cirlot llegó a calificar la Sagrada Familia como unas «ruinas del futuro» y advirtió de manera tajante que cualquier intento de conclusión basado en la rigidez técnica moderna traicionaría el espíritu místico, eruptivo e irracional del proyecto original.
Al respecto, Granell manifiesta una postura crítica frente a la masificación turística que rodea hoy en día a estos monumentos —los cuales registraron casi 4.9 millones de visitantes el año pasado—, señalando que la saturación actual distorsiona la contemplación íntima de la obra. El especialista cuestiona si los métodos contemporáneos empleados para la culminación del templo representan la verdadera esencia del arquitecto o si corresponden únicamente a un éxito de la ingeniería del siglo XXI.
Este análisis coincide con las conmemoraciones oficiales del centenario en Barcelona, donde el Papa León XIV encabezará la bendición de la recién concluida Torre de Jesucristo, el punto más alto de una basílica que continúa transitando la delgada línea entre el prodigio tecnológico y el testamento espiritual de su creador.