Uriel Flores Aguayo
En México estamos viviendo tiempos de efervescencia futbolística, con máxima atención de la inmensa mayoría de la sociedad. Y todo sigue vivo, pudiendo elevar el nivel de alegría deportiva nacional. No es para menos. Rompimos la maldición de no pasar al quinto partido en cuarenta años y llevamos marcha perfecta. Vamos de menos a más con la ilusión realista e intacta. El ánimo nacional está arriba por nuestra selección. Es positivo por donde se le quiera ver.
Los mayores tal vez somos más moderados con las expectativas del equipo y con las celebraciones, la juventud y niñez derrochan entusiasmo y resplandecen en sus festejos. Es una gran experiencia en su vida, una máxima alegría y una lección de competencia y éxito; esta es una manera concreta de saber de nuestras capacidades, deportivas en este caso, pero extendibles a todos los ámbitos de la vida nacional.
Los festejos de estos días reflejan nuestra personalidad y cultura nacionales con genuinas expresiones de profunda identidad nacional. Ahí sobresalen las canciones de el “Rey” y el “cielito lindo”, los bailes del “payaso de rodeo” y “la Chona”, canciones de Juan Gabriel, las máscaras de luchadores y disfraces de todo tipo, de catrines muertos entre otros.
Al parejo se entona el himno nacional y se porta la bandera de México, como no se haría en otro momento y festejo. Así somos los mexicanos, lo podemos ver en tiempo real masivamente. Hay algunos descontroles por la abundancia de alcohol y la falta de prevención completa de las autoridades, especialmente en la CDMX.
Nada de otro mundo. Quien haya visto las celebraciones similares en otros países sabrá que nuestras concentraciones populares son moderadas y auténticamente festivas. Es hasta obvio decir que estamos viviendo un fenómeno social cuando se topa uno con el dato de que casi cincuenta y cinco millones de personas ven en televisión los juegos de la selección; más las concentraciones en plazas públicas de ciudades de nuestro país y EEUU.
Prácticamente México se detiene durante el juego. Aun los ajenos al ambiente futbolero reciben los ecos de las celebraciones. Ahí va la selección, jugando bien, con confianza y desplegando el nivel de futbol que siempre hemos esperado. Jugar en casa es benéfico y hay que hacerlo valer. Seguimos soñando, con la ilusión intacta de que después de ganarle a Inglaterra iremos al infinito. ¿Y sí si?
Recadito: hay una ola combinada y negativa en ciertos espacios contra Daniela Griego.
