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Agencia Reforma

Monterrey, NL 21 septiembre 2026.- La edificación civil más antigua que sobrevive en Monterrey es la conocida como Casa del Campesino, sede del Museo de Culturas Populares, en la calle Mina esquina con Abasolo.

 Según el Archivo Histórico de Monterrey, el terreno perteneció a Santiago Barrera y Juana de Rentería; luego al minero y teniente de Gobernador Nicolás de Vandale (Alcalde en 1712 y 1717), quien lo vendió a Alonso García Cuello (Presidente Municipal en 1724).

 Don Alonso erigió la sección primitiva de piedra de la casa situada al lado oriente de la Calle San Francisco, junto al Río Santa Catarina.

 En 1746, la adquirió el Gobernador Pedro de Barrio Junco.

 Más tarde pasó a manos del Mandatario estatal, Ignacio Ussel y Guimbarda, quien entre 1764 y 1769 habría completado la residencia que conocemos hoy.

 Hacia 1793, el Obispo Andrés Ambrosio de Llanos y Valdés estableció allí el Hospital Real de Nuestra Señora del Rosario.

 En ese edificio en enero de 1835, José Eleuterio González «Gonzalitos», siendo director interino, fundó la carrera de Farmacéutica con cuatro alumnos en la botica del nosocomio, trasladada después al Colegio Civil, origen de las ciencias médicas de la UANL.

 Durante la Batalla de Monterrey (1846), funcionó como hospital para heridos de ambos bandos.

 Cerrado el hospital, en 1873 la Asociación de la Santa Infancia abrió allí un Colegio de Niñas, luego Colegio de San José. En agosto de 1909 sirvió de refugio tras la trágica inundación.

 Durante el cardenismo, se expropió para crear la Casa del Agrarista, sede de la Confederación Nacional Campesina y hospedaje de agricultores.

 En 1993, su área norte se destinó al Museo de Culturas Populares, administrado por Conarte. Tras obras en 2010 que resultaron inadecuadas, fueron parcialmente corregidas en 2019 cuando se hallaron vestigios de una pintura mural virreinal (siglos 18-19) en tinta roja y negra.

 El visitante puede admirar en el acceso un mural alegórico de 1938 hecho por Crescenciano Garza Rivera, Ramírez Jáuregui y M. G. de Rivera.

 Hoy, la casona nos transporta al corazón del Monterrey más antiguo.

Por enportada

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