Por Edgar Hernández*
LINEA CALIENTE
- La degradación del periodismo de opinión
- Una lucha por legitimar la corrupción
Con chayoteros de a dos pesos Rocío Nahle se defiende y justifica, pero al no alcanzar el respaldo, respeto, credibilidad y certeza con la ciudadanía, su gobierno, a dos años de distancia, toca fondo.
Olvidó que el periodismo, el de a deveras, siempre ha ido de la mano de la gobernabilidad hasta convertirse en el espejo del poder.
Y va de anécdota.
Cuando quien esto escribe se inició de “hueso” en las redacciones de los periódicos -que es el equivalente a los llamados ayudantes de oficina- hace más de medio siglo, hombres sabios y con profunda experiencia como Luis Spota, Froylán Flores y Fernando Benitez eran los hacedores de la opinión pública.
Eran premios nacionales que al paso de los años cedieron espacio a nuevas generaciones de periodistas.
Luego, en los setenta del siglo pasado, arribaron al escenario nacional los comentaristas y conductores de radio y televisión de la mano de mujeres con gran conocimiento del entorno social político y económico.
La tecnología, sin embargo, abrió paso a las redes sociales desapareciendo prácticamente los diarios impresos y los noticieros de radio y televisión pasaron a segundo término.
Y es ahí donde la puerca torció el rabo.
Las redes sociales se coronaban.
A pesar de ello se mantuvo el equilibrio entre prensa y poder gracias al respeto en la relación y a que el quién es quién distinguía la influencia del comunicador.
Pero un día nos cayó la plaga.
La peste bubónica nos invadió en 2018 con la llegada de los chairos y sus bacterias convertidas en periodistas de la 4T iniciaron una feroz campaña en defensa de lo indefendible.
Por ese tiempo en Veracruz la cosa no pasó a mayores ya que a lo largo del sexenio de Cuitláhuac García todo mundo sabía que ni quería ni le interesaba a este atarantado abonar en favor de su imagen.
Con que estuviera bien con su patrón, el Peje, y le cumpliera sus raterías salpicando con millones a sus cómplices del gabinete y procurando por su Cartel delincuencial, era suficiente.
El arribo, sin embargo, de Rocío Nahle trajo consigo nuevos escenarios de crítica y censura; de lucha por imponer su verdad maquillada y ese afán de establecer una especie de autocracia en donde la voz, cual dictadora bananera, era indeclinable, indestructible y ley.
Es así como cobran fuerza los “periodistas” carroñeros de dos pesos.
Aquellos que sin saber escribir su nombre de corrido se auto ungieron como defensores de la Patria chaira, en los escuderos de Nahle a cambio de un mendrugo.
Allí los vemos todos los días pergeñando líneas poco creíbles en defensa de la jefa a partir de la defenestración de los verdaderos comunicadores.
Es ahí donde los colados encontraron su nicho de bienestar en esa pretensión de influir en el animo de la opinión pública por la vía del adjetivo calificativo.
Por estos días de intenso calor político preelectoral anda haciendo singular ruido un despreciable individuo, Luis Humberto Tejeda Taibo, que lo mismo insulta a políticos opositores a Morena que a mujeres periodistas, como es el caso de la columnista Citlali Vázquez, o pares del sexo masculino que se atreven a censurar a Nahle.
Su mayor empeño en estos momentos es dedicarle, un día sí y el otro también, los peores adjetivos, emanados de su brillante mente, a Pepe Yunes.
Según él es abogado, aunque en realidad la mayor parte de su vida laboral ha sido como trabajador de limpia pública en el ayuntamiento de Veracruz, gracias a la recomendación de Miguel Angel Yunes Márquez cuando fue alcalde.
Paradójicamente su rencor en esencia es contra los Yunes, en lo particular contra Yunes Márquez, quien lo trató como un empleado, no como parte de la familia, por su esposa Ana Graciela Mafud Yunes, quien guarda parentesco justamente con esa familia, la del Estero no con la de Perote.
El asunto se agravó cuando este modesto empleado Luis Humberto Tejeda recibió tremenda gritoniza de parte del chavo Yunes, tras lo cual decidió convertirse en aguerrido defensor de los desposeídos, en periodista… de las redes, en el más importante columnista de Veracruz.
Y qué mejor que ponerse del lado de los vencedores.
El problema es que del lado moreno no pelan sus aportes. Ni le dan crédito, ni le pagan por insultar a la oposición y jamás tienen tiempo, menos Nahle, para voltear a verlo o llamarle cada mañana para felicitarlo o festejar sus brillantes columnas.
A los otros carroñeros del periodismo con cierto conocimiento del periodismo les paga al menos convenios de dos mil pesos, pero a este minúsculo comunicador que se dedica a insultar a las mujeres a través de sus “columnas políticas”, ni siquiera voltea a verlo.
Este misógino, déspota y cretino de las redes sociales nomás no puede alcanzar el estrellato de ahí que se refugia en el insulto a sus semejantes no cacalovers.
¡Qué cosas tiene la vida Mariana!
Tiempo al tiempo.
*Premio Nacional de Periodismo
