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Monterrey, NL 12 septiembre 2026.-  De cara al 430 aniversario de su fundación, la capital de Nuevo León revive la profunda fascinación que el poeta y periodista colombiano Miguel Ángel Osorio Benítez —quien inmortalizó su obra bajo los seudónimos de Porfirio Barba-Jacob y Ricardo Arenales— sintió por la llamada Sultana del Norte. Sus crónicas y ensayos históricos revelan una mirada íntima hacia una tierra que combinaba el empuje fabril con la majestuosidad de sus paisajes naturales.

A través de textos emblemáticos como «Elogio de la ciudad», publicado en 1909, y «La ciudad de las épicas montañas», dado a conocer en 1920, el autor extranjero capturó la esencia de una comunidad en plena transformación. Para el cronista, las calles regiomontanas no representaban únicamente un trazo urbano, sino el escenario donde latía un esfuerzo colectivo y cotidiano, impulsado tanto por panaderos y artesanos como por pensadores y constructores que edificaban el porvenir desde el desierto.

El rescate de estos testimonios literarios, difundidos por instituciones universitarias locales, pone de relieve cómo el escritor encontró en las cumbres locales, especialmente en el Cerro de la Silla y el Cerro de las Mitras, una fuente inagotable de inspiración estética. Lejos de la fría contemplación geológica, Barba-Jacob describió estas moles pétreas como testigos mudos y solemnes de la vitalidad humana, comparando el dinamismo de la urbe con un corazón diamantino templado en la cultura del esfuerzo y el trabajo constante.

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