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Treinta años después del trágico atentado que sacudió al hip hop mundial, un exlíder pandillero fue declarado culpable por fin en Las Vegas.

La justicia tarda, pero a veces llega con todo el peso de la ley y un toque de karma divino. Resulta que, tras casi tres décadas de misterios, especulaciones de lavadero y teorías de conspiración en el mundo del rap, un tribunal gringo por fin le puso nombre, apellido y sentencia al responsable intelectual del asesinato de la leyenda viviente, el inigualable Tupac Shakur.

El mitote internacional cimbró a la farándula cuando un jurado en Las Vegas declaró formalmente culpable al exlíder pandillero Duane “Keffe D” Davis. El sujeto, de ya 63 años, fue hallado responsable de haber organizado y ordenado el brutal ataque a balazos desde un coche en movimiento que le costó la vida al rapero allá por septiembre de 1996, cuando apenas tenía 25 años y un futuro brillante por delante.

Lo más jugoso de este culebrón judicial es que el propio acusado se cavó su propia tumba por andar de presumido. Resulta que la policía llevaba décadas sin poder armar el rompecabezas, hasta que al señor se le ocurrió publicar sus memorias y dar entrevistas de televisión donde soltó toda la sopa, confesando alegremente que él iba en el auto blanco desde donde se dispararon las balas fatales tras una pelea de box de Mike Tyson. ¡Por la boca muere el pez, hermanas!

Aunque en pleno juicio su defensa intentó rasgarse las vestiduras diciendo que lo escrito en su libro era pura ficción inventada para vender más copias y ganar unos cuantos dólares, el jurado no le compró ni tantito el cuento. Los fiscales presentaron pruebas contundentes y demostraron que en las reglas de las pandillas callejeras de Los Ángeles, aquella afrenta contra el rapero no podía quedar impune, saliendo a cazarlo sin piedad.

Con este veredicto histórico, el polémico personaje enfrenta ahora la posibilidad real de pasar el resto de sus días tras las rejas, con la lectura de su sentencia programada de manera oficial para el próximo 13 de octubre. Los fanáticos del género musical en todo el planeta han celebrado este paso de la justicia, aunque el dolor por la pérdida de una de las mentes más brillantes del hip hop sigue intacto.

El asesinato de Tupac marcó un antes y un después en la eterna y violenta guerra entre las costas este y oeste de Estados Unidos, llevándose por delante a íconos que hoy en día siguen resonando en cada bocina de barrio. La caída de «Keffe D» demuestra que los secretos de la mafia callejera tarde o temprano salen a la luz, por más años que intenten enterrarlos bajo alfombras de silencio.

Por enportada

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