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Juan Villoro

Agencia Reforma

Ciudad de México 11 junio 2026.- Una vez más, el público del Azteca hizo más esfuerzo que los jugadores. Las rutas acceso exigieron entrega de peregrinos. Los bloqueos que tienen sitiada la ciudad y el perímetro de seguridad exigido por la FIFA hicieron que el solo hecho de llegar fuera un deporte extremo. Una vez en las gradas, el sacrificio valió la pena: nada podía superar al milagro de estar juntos.

La afición asumió un estricto código de vestuario; el que no tenía la camiseta verde de la selección era porque llevaba la blanca. Incluso los extranjeros se integraron con gusto al pueblo uniformado.

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