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Ciudad de México 2 octubre 2026.- La primera vez que Lola Lince acudió al Festival Internacional Cervantino (FIC) era la edición 10, y venía Rudolf Nureyev, ni más ni menos.

 Con tal de no perderse al legendario bailarín ruso, la entonces estudiante de danza de 22 años hizo su «alcancía» y se dirigió desde su natal Guadalajara. La emoción de estar ahí y experimentar el vibrante ambiente de la llamada Fiesta del Espíritu resultó tal que a partir de entonces se volvió una cita recurrente.

 «Y de allí que cada año procuraba venir a nutrirme, pues, de la oferta cervantina porque siempre hay platillos así, de autor, que son increíbles», comparte en entrevista telefónica la ahora bailarina y coreógrafa, quien recuerda las igualmente memorables visitas de Pina Bausch, Robert Wilson y Philip Glass.

 «No sé por qué ya esas presencias no son posibles (en el festival)», se pregunta Lince. «(Aún así), siempre hay sorpresas que nos detonan un montón de sensaciones y también de reflexiones, ¿no?, y nos hacen preguntarnos también en dónde estamos nosotros. Se vuelve una suerte, para mí, como de escuela de la mirada, escuela de la sensación».

 Será ahora ella, como ya ha podido hacer anteriormente en algunas ocasiones, quien busque cautivar con su quehacer creativo al público del FIC. Para la edición 54, que arranca este sábado, la Compañía de Danza Experimental Lola Lince presenta la obra Operativo Kafka en el Teatro Cervantes.

 «Qué maravilla, qué padre estar programada otra vez en el Cervantino y poder compartir, pues, mis estampitas con un público exigente, un público conocedor. Es bien estimulante, de verdad», celebra la consolidada creadora al frente de una compañía próxima a cumplir un cuarto de siglo.

 Inspirada en la poética kafkiana, este montaje que Lince ya presentó el año pasado en la Sala Miguel Covarrubias de la UNAM propone «una reflexión sobre la condición del individuo contemporáneo» a través de una docena de bailarines en escena.

 El detonante, explica la bailarina y coreógrafa tapatía, es el extrañamiento ante una pregunta como: ¿Qué sueña un feto?; «y ese feto está soñando todo el devenir de la condición humana, con eso empieza el operativo».

 «Se van a encontrar con una obra estratégicamente construida, sostenida por dos ejes que dialogan: tradición y contemporaneidad», detalla Lince a propósito de la articulación en la puesta tanto de los tastoanes (una danza ritual, festiva) de Jalisco como de la Danza del torito.

 «Siempre estas manifestaciones populares de nuestra cultura me jalan mucho; siento que hay allí un suelo muy fértil, muy vivo, con el que puede dialogar en realidad cualquier cultura del mundo porque está plagada de arquetipos que me parecen sumamente interesantes, además de un poco perversos y divertidos», agrega la creadora radicada hace varios años en Guanajuato.

 Este peregrinaje escénico que va de la fiesta y la intoxicación hacia los cuerpos fragmentados y una «posibilidad de la belleza también que hay que saber descubrir», en palabras de su autora, es producto del estímulo que Lince recibiera por parte del Sistema Nacional de Creadores de Arte.

 Lo que la tapatía se propuso trascendía el deseo de desarrollar una pieza de danza para ponerla arriba de un escenario. Su apuesta creativa, refiere, estaba en la duración, con el objetivo de «encarnar ese proceso y que se vuelva realmente experiencia del cuerpo».

 «Porque de repente todo es así como muy: consumir, desechar Ya sabes, la plaga de nuestros días. Entonces, yo quise ser súper, súper contundente y honesta con mi propuesta, y decir: ‘No, este proyecto es realmente un operativo'», prosigue la creadora, quien a la postre ve cumplido el propósito.

 «Mis bailarines, que son mis compañeros de viaje, de verdad veo cómo se han transformado en el proceso de esta pieza. Cómo puede el proceso realmente volverse cuerpo, experiencia, detonar el imaginario también del otro, y pasar del mero acto de la representación a la encarnación de un signo».

 Ese territorio de la duración, cada vez más exiguo en esta «contemporaneidad tan atomizada», a percepción de Lince, es la experiencia misma del mundo.

 De modo que la creadora termina concibiendo este empeño como un trabajo de reconstrucción, donde asoma un ápice de optimismo.

 «Juego mucho con fragmentos del cuerpo, con metáforas de estos pies que quieren encontrar la columna o estas manos que quieren integrarse a esta cabeza loca En fin, como esta suerte de cuerpo deconstruido o fragmentado, pero que finalmente sí encuentra esta posibilidad de la reconstrucción.

 «Y en ese sentido, pues en mi experiencia muy personal, siento que el camino de la danza a mí me da como esa lucecita, esa posibilidad», afirma Lince, con ese acento nietzscheano que afirma la vida desde el arte. «Creo que es el territorio en el que nos podemos humanizar y podemos realmente desplegar como toda nuestra potencia humana».

 Finalmente, lo planteado por Operativo Kafka, que se presenta este sábado a las 17:00 horas en el FIC, no culmina ahí sino que su autora tiene en proceso un colofón; «porque ciertamente pensé ‘a lo mejor este viaje puede resultar muy nocturno’, aunque sí hay mucho humor, verdaderamente», cuenta.

 «Entonces, estaba leyendo justamente a María Zambrano, un ensayo que adoro, que se llama De la Aurora, y dije: ‘Pues eso, María me lo está indicando, o sea, hay otras dimensiones para vivirnos’. Entonces, estoy trabajando en este colofón, que sería ya como el sueño del feto que llega al nirvana con esta metáfora, pues, de la aurora», adelanta Lince sobre esto que espera pronto desarrollar.

Expandir su ideario

 Aquello de las celebraciones no forma parte precisamente del ideario de Lola Lince. De ahí que no esté planeando un gran festejo por los 25 años de su compañía, que se cumplen en 2027.

 Esto no significa, por supuesto, que la bailarina y coreógrafa no repare en lo que ha significado este tiempo al frente de la agrupación.

 «Lo que se me hace espléndido es la red de relaciones que vas creando con el otro, con el que compartes tu mundo, tus obsesiones, y que les puedes contagiar un poco el germen de esta locurilla, de este delirio, y que luego ellos empiezan a hacer sus cosas, como ha pasado pues con la gente con la que he trabajado», resalta la tapatía.

 «Están conmigo, y después se vuelve esto como un laboratorio de creación, de investigación, pero para que ellos también puedan pasar de ser meros ejecutantes a ser creadores, a desarrollar su corporalidad en totalidad con su propio territorio de pensamiento, de imaginación, con su propio modo de tejer su memoria. Entonces, me da una sensación muy expansiva y me encanta».

 A nivel personal, hablan con gratitud sobre cómo aquello que la ha movido a crear persiste y evoluciona.

 «Sobre todo, ver cómo mi cuerpo se sigue haciendo preguntas, cómo hay esa urgencia por darle salida a través de mi corporalidad y de la corporalidad de los otros que están conmigo. Eso se me hace así como un regalo precioso en el espacio-tiempo, la verdad».

Por enportada

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