Francisco Montfort Guillén
La información auténtica es la resolución de una incertidumbre (Shanon/Morín), resuelta esa incertidumbre, su repetición se convierte en ruido. La noticia es la aparición de lo nuevo, lo desconocido. En estos conceptos se asientan los problemas de la opinión pública, que no requiere necesariamente conocimientos sobre el tema opinado y la episteme, o conocimiento verdadero, siempre provisional, pues otros datos pueden refutarlo y volverlo obsoleto. He aquí la fragilidad de erigirse en juez, para afirmar con contundencia, qué se debe tutelar o dejar en plena libertad lo que publican los medios y las redes: informaciones, opiniones y conocimientos en un bucle integrador de datos, gigantesco. que hace difícil diferenciar qué es verdad y qué es mentira con una simple lectura. Intentar regular esta actividad es un acto de voluntad política, interesada en cuidar el poder, y no la formación de conocimientos objetivos para comprender y entender racionalmente la realidad del mundo, del país, de cada entorno.
Las opiniones no crean ecosistemas. El cerebro no creo otra cosa que no sean visiones, imágenes, representaciones. (Edgar Morin. La méthode. La vie de la vie. Editions de Seuil, 1983) El conocimiento está volcado hacia lo exterior, que determina el conocimiento y el comportamiento de los seres humanos. Y en ese “exterior” están los temores de los seres humanos que gobiernan este país, los cuales, con sus acciones, en lugar de lograr separar su imagen y la de su partido como entidades con relaciones estructurales con actividades delictivas organizadas, han conseguido dar verosimilitud, y en algunos casos certeza, de que en realidad sí están vinculados con el crimen organizado. Esta “nueva realidad” es un producto de la ecología de la acción: una vez puesto en marcha un programa, un plan o una simple acción los resultados se vuelven imprevisibles. En un principio pasaron desapercibidas sus vinculaciones delictivas, después causaron azoro los resultados electorales y las acciones de corrupción a una escala desconocida hasta entonces. Poco a poco, las sospechas y los reportajes, el cotilleo o el chisme fueron convirtiéndose en una desviación de las corrientes de opinión para terminar con la creación de bases de conocimientos que sustentan las afirmaciones sobre el entretejido de relaciones políticas con relaciones empresariales con relaciones delictivas. Pero estas consecuencias no son obra de las oposiciones, de complots, de “ecosistemas de crítica” contra el gobierno. Son consecuencia de las mismas acciones del gobierno, actividades de seres humanos que, por carecer de pensamiento estratégico, de pensamiento crítico han forjado la credibilidad de la existencia de un entramado delincuencial que ha tomado parte del territorio nacional como espacio geo delincuencial con independencia de la autoridad del Estado.
Apenas es creíble que todo un partido, que todo un sistema de gobierno esté a punto de colapsar por defender posibles delincuentes. Sus defensas han sido erráticas y han permitido consolidar un estado de opinión pública que piensa que su gobierno ha dejado de ser autónomo para convertirse en parte de una red de la delincuencia internacional. Precisamente, desconocer la manera en que se conforman los mercados internacionales de la droga y otros adyacentes es que nunca pensaron que desde los Estados Unidos vendrían las críticas y las acciones legales para cerrarle el paso al funcionamiento de esa red internacional que afecta intereses internos de los Estados Unidos. Sin duda alguna, este descuido favoreció la credibilidad de los medios y periodistas y comentaristas mexicanos que ejercitan la crítica de manera independiente.
Y lo más grave no son los actos de descalificación de periodistas y comentaristas, la creación de “listas de enemigos” o la defensa a ultranza de las personas señaladas como posibles delincuentes que forman parte de Morena y sus gobiernos. El problema central está en el pensamiento de esos seres humanos que justifican sus acciones no sólo como defensa de sus intereses sino como verdades que benefician al pueblo de México. Se trata de un pensamiento cerrado, de consumo para los convencidos en las tesis del populismo y que gustan de vivir bajo el confort del Ogro Despótico, personas sin iniciativas propias, acostumbrados a depender del gobierno, a recibir subsidios y llevar una vida mediocre. El hecho de que todavía gran parte de la sociedad sea una sociedad dependiente del Ogro Despótico iletrado, permite que los integrantes del gobierno y más aún, los dominadores del Estado, es decir, las élites económicas, militares, intelectuales que aman el despotismo otorguen su apoyo a un grupo de improvisados en la política, ineficientes e ineficaces en la gestión pública e irresponsables hagan los negocios turbios a costa del erario. Terminar con el despotismo iletrado es la gran tarea si lo que deseamos todos en construir un Estado triunfador que construya un auténtico sistema de bienestar público, que restituya las libertades para la crítica permanente y la innovación incesante que son los únicos medios que sacarán el país adelante.
