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Agencia Reforma

Monterrey, NL 11 octubre 2026.- Con los ojos iluminados, Ethel Krauze escuchó a estudiantes de preparatoria dar voz a sus animales mediante la lectura coral del poemario «Susurro animal».

 Vestidos de negro, una veintena de alumnos de PrepaTec se unieron para leer algunos versos de este libro, en el que la escritora explora, de manera íntima y confesional, los vínculos entre la experiencia humana y el mundo animal.

 «¡Qué emoción me dio!», exclamó Krauze al final de la lectura, mientras se acercaba a abrazar a un joven flautista que acompañó los poemas con su música.

 «Yo iba sintiendo cómo iban entrando los animales, se enredaron en la poesía».

 Acompañada de la académica Ana Laura Santamaría, Krauze presentó ayer su poemario como parte de las actividades de la FIL Monterrey 2026.

 Pero, a diferencia de las presentaciones tradicionales, dedicó muy poco tiempo a hablar de su libro, que reúne 53 poemas bilingües (español-inglés) y fue publicado por la editorial neoyorquina Darklight Publishing.

 «En todo poema hay devastación. / Sus versos crujen / como huesos, / el músculo del corazón se abre paso / como animal entre tinieblas», se lee al inicio del poemario.

 «Traigo un animal atado a mi garganta / gime desde ahí / sepan que no soy yo».

 Durante la lectura coral, los estudiantes sincronizaron sus voces, alternando versos en inglés y español.

 A unos metros de distancia, Krauze escuchaba conmovida.

 «Me sentí honrada», exclamó la autora de «Infinita» (1992), «Samovar» (2023) y «El terror en las puertas» (2025).

 «Me sentí feliz, honrada, maravillada, de que los jóvenes me estuvieran cantando mi poema, mi poesía. ¿Y saben qué? Sentí que ya no era mía».

 La escritora evocó la literatura de la antigüedad, cuando las obras poéticas se enriquecían con las aportaciones de distintos autores conforme se transmitían de voz en voz.

 También aprovechó el encuentro para reconocer el trabajo de los estudiantes.

 «Creo que hay mucha psicosis alrededor de los jóvenes de hoy, de que no les interesa nada, de que no saben, de que no estudian, de que son de cristal, de que todo el día están con el celular», indicó.

 «Porque cuando tienen la oportunidad -no porque sea mi libro ni poema-, pero cuando hay una forma en que se acerquen a experiencias artísticas, son unas balas, verdaderamente».

Por enportada

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