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Monterrey, NL 10 octubre 2026.- Mónica Castellanos (1960) pertenece a una generación de mujeres para las que obedecer formaba parte de la educación recibida en casa, la escuela y la sociedad.

 Una mirada del padre podía bastar para recordarles cómo debían comportarse.

 Esa experiencia generacional está detrás de «El jardín de las obedientes», su nueva novela, en la que Castellanos indaga en la maternidad, la religión, la culpa y, especialmente, en los mecanismos mediante los cuales una persona puede terminar sometiendo su voluntad a las reglas de un grupo.

 -Esta novela aborda el recorrido de una mujer a lo largo de varias décadas. ¿Cuánto hay en «El jardín de las obedientes» de una mirada generacional sobre las mujeres que crecieron aprendiendo que ser buenas hijas, esposas o madres significaba también obedecer?

 «La novela tiene mucho que ver con mi generación y la década de los sesenta. Fuimos mujeres educadas bajo la estricta tutela del padre y de los hermanos, cuando los había. Una mirada y el movimiento de los ojos nos bastaban para saber lo que debíamos hacer. La obediencia, los horarios, la conducta impuesta eran incuestionables».

 Las «obedientes» del título, sin embargo, no son únicamente mujeres.

 «Todo contribuye. De forma fundamental, son las escuelas católicas que en las diversas ciudades privilegiaron la formación de los niños y jóvenes. En las aulas se dictan las reglas de comportamiento y la familia, la sociedad, establece este modo de vivir ‘correcto’, este jardín en el que no sólo hay mujeres obedientes, también hay hombres».

 La protagonista, Renata Freeman, atraviesa varias décadas enfrentada a esas expectativas. Casada y madre, llega a preguntarse si vale la pena dedicar su existencia exclusivamente al cuidado del marido y del hijo.

 Castellanos quiso abordar así una cara de la maternidad de la que, considera, todavía resulta difícil hablar abiertamente.

 «Maternar es un tema del que es importante hablar. Las mujeres hemos vivido con la idea de que casarse y formar una familia debe ser el objetivo de nuestra vida, pero a algunas no las satisface y no por ello deben ser mal vistas».

 Entre los sentimientos que explora está la culpa.

 «La culpa es un barniz que se adhiere a las mujeres desde que son madres. Viene por esa sensación de no hacer bien las cosas, de no permitirse el cansancio, de fallar en la educación, de no ser perfectas».

LOS MECANISMOS DEL CONTROL

 En «El jardín de las obedientes», la autora amplía su mirada más allá de Renata para preguntarse qué lleva a los individuos a aceptar las reglas de organizaciones capaces de controlar su conciencia.

 La escritora entrelaza la historia de su protagonista, vinculada a un grupo religioso, con personajes relacionados con NXIVM y referencias a otros fenómenos históricos marcados por la manipulación ideológica.

 «El mayor reto fue trenzar las historias de Renata Freeman, una mujer que pertenece a un grupo religioso, con un matrimonio y dos hermanas que están en la cúpula de NXIVM».

 La investigación la llevó también a estudiar los mecanismos de adoctrinamiento utilizados por extremistas islámicos vinculados con los atentados del 11 de septiembre de 2001 y la propaganda desarrollada por Joseph Goebbels durante el nazismo.

 «Hilvanar todas estas formas de pertenecer a un grupo, analizar las motivaciones para mantenerse dentro y obedecer sus reglas me llevó mucho trabajo de investigación».

 Uno de los conflictos centrales de la novela es, precisamente, la tensión entre las convicciones personales y la obediencia.

 «Me interesaba explorar el método que han seguido distintos grupos de poder y cómo lo han ejercido para manipular la conciencia de quienes están en sus filas».

 La escritora observa ese fenómeno más allá de la religión.

 «Como consecuencia de esta manipulación es que viene la tensión entre las creencias, ya sean religiosas, ideológicas o políticas, con la obediencia a las máximas que cada una establece. Me impresionaba ver hasta dónde la manipulación podía hacerles llegar a creer como bueno algo que es objetivamente malo».

UN CAMINO HACIA SÍ MISMA

 Renata, sin embargo, no aparece únicamente como víctima. Su transformación exige que cuestione las creencias que durante años consideró correctas y reconozca también su responsabilidad en las decisiones tomadas.

 «Es víctima en el sentido de que hay un pasado que la condiciona a tomar las decisiones que forman su presente. Ella necesita madurar, sanar, luchar una batalla difícil consigo misma y con lo que ella cree que ‘está bien’, que es lo ‘correcto'».

 Su liberación ocurre paulatinamente.

 «Es un andamiaje de creencias que ella necesita atravesar no con la ingenuidad del que todo lo cree, sino con la cautela del que todo lo duda. Sin embargo, al paso del tiempo ella va tomando sus decisiones y, como tal, se responsabiliza».

 Para explicar ese proceso, Castellanos recurre a Hermann Hesse y a una frase de «Demian»: «La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo; el ensayo de un camino, el boceto de un sendero».

 «Renata se adentra en ese sendero que es su vida».

 Castellanos encuentra un antecedente de Renata en Carmina, personaje de su novela «Carbón rojo». Aunque viven circunstancias distintas, ambas comparten la inconformidad con la vida que les ha tocado.

 «Las dos mujeres viven circunstancias con las que no están conformes, las dos son infelices. Carmina sola, entre sus oscuridades, sin familia; Renata, como contrapunto, en medio del barullo de una familia numerosa».

 También las une la búsqueda de justicia y una experiencia religiosa, aunque recorran caminos diferentes.

 Para Castellanos, esa exploración forma parte de una preocupación que atraviesa su narrativa, desde «El aroma de los anhelos» y «Aquellas horas que nos robaron» hasta «Carbón rojo».

 «Procuro moverme entre los recovecos de la naturaleza humana desde todas las perspectivas posibles. Aunque he transitado por el honor, la valentía, la justicia, el rencor, la venganza y ahora la rebeldía, siempre está el ser humano en el centro de toda mi obra.

 «Es mi gran inquietud: descifrar y descifrarme a través de las palabras, de las historias».

 Con «El jardín de las obedientes», afirma, se ha permitido además entrar en territorios que difícilmente habría abordado dos décadas atrás.

 «Esta novela es más valiente en los temas que trato. Hace 20 años no habría podido abordar la voz del eterno femenino que acompaña a Renata con la seguridad con que lo hice ahora».

 Y entre esos territorios vuelve a aparecer la maternidad, pero no como rechazo, aclara, sino como elección.

 «No estoy en contra de la maternidad, estoy en contra de la maternidad forzada por ideologías o por costumbres de la sociedad. Maternar debería ser el acto más libre y consciente para la mujer».

 ASISTE

 Presentación de «El jardín de las obedientes», de Mónica Castellanos.

 Participan: La autora, Tamara Trottner y David Toscana.

 Cuándo: Domingo 11 de octubre, 16:00 horas.

 Dónde: Auditorio HEB en la Comunidad, Cintermex.

Por enportada

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