Yanireth Israde
Agencia Reforma
Ciudad de México 5 enero 2025.- El Principito es un relato breve que dura toda la vida.
No es una paradoja: la historia crece junto con el lector. Lo ha comprobado el español Antonio Lorente (Almería, 1987), ilustrador de la nueva edición del clásico de Antoine de Saint-Exupéry que Edelvives trae a las librerías mexicanas.
Pintor de almas, como él mismo se define en entrevista, el artista explica por qué este libro sigue transformándose cada vez que uno vuelve a él: «Es el único que ha conseguido que cada lectura sea diferente según el momento en el que lo he leído, porque es filosofía pura».
Por eso lanza una invitación: «A quienes lo leyeron de niños les pido que vuelvan a leerlo de mayores».
Y no es un gesto menor: El Principito es el libro más leído y traducido del mundo -casi 600 idiomas- después de la Biblia y el Corán, de acuerdo con el especialista Jean-Pierre Guéno.
Publicado por primera vez en 1943, De Saint-Exupéry plantea en él que sólo con el corazón se puede ver bien: lo esencial es invisible a los ojos.
Lorente suma una perspectiva artística a esa mirada: también el lápiz puede hacer visible lo esencial.
«Porque en el arte, cuando das forma a las cosas, empiezan a tener sentido».
CHARLA ENTRE TOCAYOS
Originario de un barrio de pescadores de Almería, Lorente leyó por primera vez la fábula de Saint-Exupéry entre los 8 y los 9 años. Le pareció entonces un libro de fantasía y aventura.
«Entrada la adolescencia, quedé bastante atrapado en la historia; más tarde, con veintitantos, que me voy a vivir a Londres, con una mano delante y otra detrás y decido aprender el idioma, lo leo en inglés y me marcó de otra manera.
«Y, al ilustrarlo, termino absolutamente atrapado en el mundo de El Principito, porque ya no es solamente una lectura, sino que he convivido con todos los personajes, les he dado mi impronta, he conversado mucho con Antoine de Saint-Exupéry en mi sueño y he intentado que le guste. Algún día sabré si le ha gustado o no».
Antes de perfilar a los personajes, dice hacer «conversado» con el autor, y le propuso respetar los clásicos dibujos de su historia, pero «lorentenizados», además de añadir otros, en la que resuena su afición por la pintura clásica y el surrealismo pop.
«No te voy a engañar: empecé con mucho miedo. Me daba un vértigo tremendo, porque tenemos todos en el imaginario esas pequeñas líneas (dibujadas) por el autor, y es un libro que ha funcionado tal cual».
Ese temor se disipó conforme comprendió que se trataba de un aporte. «Tras una conversación ficticia con Antoine, mi tocayo, dije: ‘El tuyo existe y éste puede sumar’.
«Vi la manera de utilizar la ilustración de toda la vida de Saint-Exupéry -que todos conocemos- y darle mi acabado, mi estilo, pero respetando todo, incluso la indumentaria que tiene El Principito en su traje de gala.
En un primer momento, en la versión de Lorente tenía unos rizos ensortijados, luego le alborotó el cabello.
«Empecé a sacarle esos mechones para darle un punto más lunático, y cuando lo despeino, le hago unos mechones sin sentido -alguno que va saliendo más largo de lo normal-, como si tuvieran vida propia. Entonces ya tengo al Principito que quería»
La bufanda también cobró vida: «Tuve claro desde el principio que su pañuelo amarillo, su bufandita, sería un personaje más, como algo vegetal que se va moviendo solo».
Y en el personaje del piloto, Lorente hace un homenaje del escritor, aviador y novelista, en cuyo rostro se inspiró.
Saint-Exupéry es, además, un autor vigente ante la vanidad, el dinero y la celeridad que imperan en el mundo, entre otros temas que aborda la fábula, reflexiona el ilustrador.
«Creo que le ha cambiado la vida a muchísimas personas, y si no te la ha cambiado para siempre, sí lo ha hecho en ese momento, porque has sido consciente de algo».
Cita el caso del farolero, «tan representativo de cómo la vida sigue, del hacer y hacer sin que a veces le veas el sentido o el porqué; te hace replantearte muchísimas cosas.
«Lamentablemente es muy difícil cambiar las cosas del todo, pero el hecho de que medites y lo pienses en ese momento, ha merecido la pena».
Esta nueva versión de El Principito, una reinvención para leerse y mirarse a cualquier edad, pero siempre con ojos de niño, ya puede adquirirse en todas las librerías mexicanas.
Otros libros
Ilustrador de clásicos y contemporáneos, Antonio Lorente ha trabajado para diversas obras en Edelvives, entre ellas:
–Mujercitas, de Louisa May Alcott.
–Peter Pan, de James M. Barrie.
–Las aventuras de Tom Sawyer, de Mark Twain.
–Ana la de tejas verdes, de Lucy Maud Montgomery.
–Genios, El eco fantasma de sus voces, de María Jesús Lorente.
–Carmilla, de Joseph Sheridan Le Fanu.
–La leyenda de Sleepy Hollow, de Washington Irving.