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La pirotecnia en México es una manifestación cultural ligada a lo ritual y lo religioso, pues simboliza la comunicación entre la comunidad y la deidad, afirmó María Angélica Galicia Gordillo, investigadora del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM. Su uso marca la presencia de la fiesta y confirma la existencia simbólica del pueblo: “un pueblo que no suena es un pueblo que no existe”.

La especialista explicó que, desde la religiosidad popular, los cohetes y fuegos artificiales acompañan el tránsito entre lo terrenal y lo divino mediante luz y sonido. Castillos y coronas giratorias representan ese viaje simbólico hacia el cielo. En muchas comunidades, el estruendo no solo anuncia la celebración, también otorga prestigio: entre más cohetes truenen, mayor es el reconocimiento colectivo.

Aunque no es una práctica prehispánica, la pirotecnia llegó con la hispanidad y se consolidó con la difusión de la pólvora. Hoy persiste porque activa la fiesta, reúne a la comunidad y reafirma su identidad. El Estado de México concentra más de 60 por ciento de la producción nacional, especialmente en Tultepec, donde esta actividad sostiene a miles de familias y mantiene viva una tradición ritual de más de dos siglos.

Fuente UNAM

Por enportada

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