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Agencia Reforma

Monterrey, NL 15 marzo 2026.- Tras cumplir siete años de prisión por el accidente de coche en el que su novio falleció, Kenna Rowan regresa a su ciudad en busca de recuperar a su hija Diem, su principal motivación para reconstruir su vida.

 Pero mientras lucha contra su propia culpa, la joven madre enfrenta las negativas de los abuelos paternos de la niña, quienes cargan con un fuerte resentimiento por lo ocurrido y tendrán que abrirse a la empatía por el bien de su nieta.

 Es la trama de No te olvidaré (Reminders of him), película estadounidense estrenada el jueves pasado en cines y que aborda temas a veces difíciles de conversar, como el duelo, el remordimiento, la resiliencia, el rencor y el perdón.

 Dirigido por Vanessa Caswill, el filme es una adaptación de la novela homónima de Colleen Hoover, publicada en 2022.

VIVIR EL DUELO

 Tras un tiempo de noviazgo, Kenna (Maika Monroe) y Scotty Landry (Rudy Pankow) tienen un accidente de automóvil en carretera: ella manejaba y él falleció.

 La historia brinda un mensaje sobre la importancia de hablar sobre los diferentes tipos de duelo que se viven a lo largo de la vida y los aprendizajes que vale la pena rescatar de cada uno de ellos, señala la coach emocional Alicia Salinas.

 «Todos, en algún momento de nuestra vida, vivimos duelos: puede ser la pérdida de alguna persona, de un trabajo, el término de una relación, de una etapa escolar, de un trabajo», indica.

 «Y toda terminación de algo nos viene a dejar mucha enseñanza y hay que ver siempre el aprendizaje».

 Además, añade, es necesario ser consciente de los duelos que cada quien atraviesa y darse permiso para vivirlos.

 Un duelo es como una herida profunda que, si se intenta cerrar con un curita sin limpiarla, se infectará. Permitirse vivirlo ayuda a limpiar a profundidad, para que la cicatriz no duela al tacto conforme avanza el tiempo.

SOCIEDAD PUNITIVA

 En la película, Kenna entra en shock tras el accidente y abandona la escena, por lo que es sentenciada a prisión.

 Una vez en la cárcel, se entera de su embarazo, da a luz a una niña y pierde su custodia.

 Diem es llevada a vivir con los padres de Scotty, quienes culpan a la madre por lo ocurrido y no le permitirán acercarse a la pequeña cuando la joven recupere su libertad.

 Al respecto, la tanatóloga Patricia González reflexiona sobre una sociedad punitiva que, a menudo, tiende a buscar que la persona que cometió un error sea castigada de manera excesiva.

 «Vivimos en una sociedad que castiga», indica la especialista en perdón.

 «Entonces, queremos que pague, queremos el castigo y no queremos que esto pare nunca.

 Es lo que se considera justo».

 Pero este deseo se vuelve insaciable, destaca, y a menudo no lleva a ningún lado.

 En cambio, la restauración es una herramienta poderosa para dejar atrás la culpa y seguir adelante.

 «La restauración es reparar el daño que hice por una acción consciente o inconsciente», aclara.

 «Si te enfocas en la restauración, te haces responsable por lo que hiciste. Y desde ahí, esa culpa queda en el pasado y podemos vivir en un presente y en un futuro desde el amor».

ABRIRSE AL PERDÓN

 A menudo se piensa que perdonar es justificar el daño que otros hicieron o hacer como si nunca hubiera ocurrido.

 En realidad, es un acto individual para liberarse del resentimiento que se lleva cargando y sigue dañando.

 «La gente se alimenta del odio, pero no se dan cuenta que, en un punto, el odio se empieza a alimentar de ti y tú te consumes», dice González.

 «Vivir atado al resentimiento nos afecta en la vida, en cómo me relaciono con los demás; me afecta mi salud y mi paz mental.

 Ni siquiera puedo vivir el presente porque el pasado sigue mandando mi vida por esa acción lamentable que pasó».

 Se ha comprobado que no perdonar puede potenciar la rabia, el resentimiento, deseos de venganza, ira y frustración, y que estas emociones pueden convertirse en malestares físicos o enfermedades.

 Además, destaca la tanatóloga, negarse al perdón obstaculiza toda posibilidad de reconciliación y unión.

 «El resentimiento no me permite ganar, sólo perder», apunta.

 «Perdonar me lleva a encontrar que sí puedo ganar algo».

 Así se observa en la película, cuando la joven entabla amistad con Ledger Ward (Tyriq Withers), quien resulta ser el mejor amigo del joven fallecido y se enfrentará con su propia historia para abrirse al perdón.

 La película invita a la empatía, a ponerse en los zapatos del otro para dejar el pasado atrás, y apuntar a un futuro diferente.

SALIR FORTALECIDO

 Cuando Kenna es sentenciada a prisión, piensa que siete años de condena no son suficientes para pagar por lo que hizo.

 Pero conforme pasa el tiempo, aprende a sanar esa culpa y recupera el deseo de rehacer su vida al lado de su hija.

 «La culpa nace en mí por una exigencia social, por sentir que fallé, por una responsabilidad. Y cuando soy responsable me toca reparar el daño», indica González.

 «Pero luego hay otra culpa por algo que hice, me arrepiento, y ya no es fácil repararlo».

 También está el remordimiento, dice, llamado «culpa tóxica» porque se caracteriza por una autocrítica intensa y el deseo de cambiar el pasado, a menudo acompañado de pensamientos como ‘¿por qué hice eso?’ o ‘desearía poder cambiarlo’.

 Esta película trae a la conversación la importancia de mirar la culpa con compasión, asumir la responsabilidad sin castigarse, y reparar el daño si es posible para seguir adelante.

 «La culpa nunca nos va a llevar a un buen camino», enfatiza la coach Salinas.

 «Cuando empecemos a sentir culpa, es muy importante platicar y, si se puede, tener ayuda profesional para ver con claridad y vivir acompañados nuestro duelo».

Por enportada

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