Pedro Peñaloza
“Para manipular eficazmente a la gente,
es necesario hacer creer a todos que nadie los manipula”.
J. K. Galbraith
La casta obradorista-claudista ha superado cualquier límite imaginable de abuso del poder. Llegaron vía democrática, y ahora exhiben su talante autoritario. Una ideología de fanáticos y oportunistas de todo tipo. Nadie puede atacarlos porque ellos representan la voz del “pueblo bueno”, una dogmática herencia nacionalista, que se asemeja a los discursos totalitarios y fachos.
La grotesca maniobra de la renuncia/despido de Gertz Manero de la Fiscalía General de la República es uno de los mayores ejemplos del funcionamiento de un grupo que poco le interesa ya guardar las formas y muestra su nulo interés por la división de poderes o el respeto por las instituciones que una vez defendió. La caída del procurador se fraguó en tres bandas, por un lado, perdió el manto protector del líder. AMLO lo desechó, no toleró que investigara a sus hijos; en Palacio querían ya moverlo para tener un personaje afín a la presidencia, una empleada a las órdenes de la mandataria, sin escrúpulos para abrir carpetas de investigación contra los “adversarios” y darle más a poder a Omar García Harfuch, aunque no le guste a López Obrador, ya en su tiempo lo desechará.
La Presidenta carece de fuerza propia para un golpe de esta dimensión. Gertz fue impuesto por el tabasqueño y él lo arrojó a los lobos. Para la tarea se necesitó llamar al operador del trabajo sucio, Adán Augusto López, quien se encargó de armar el tinglado. No le importó al notario sumergirse en el lodo, llevaba el mandato de su jefe. Sabe que cuando ya no le sirva al régimen su caída será estrepitosa, por eso cumple la orden sin importar el costo.
No olvidemos que Gertz Manero utilizó a la Fiscalía como una corporación que entregaba información para atacar subrepticiamente a la nomenclatura morenista y para venganzas personales. Ponía reflectores en los sótanos de la transformación. Así cubría su ineptitud y falta de interés a los casos más relevantes que nunca resolvió.
El pretexto para su despido fueron “causas graves”. La negociación no fue tersa: se sabe que Gertz se atrincheró y lo convencieron ante la amenaza de despido y persecución. Su pago fue una embajada. Ahora llega Ernestina Godoy, incondicional de la presidenta, como ya lo hizo en la CdMx. Trabajará arduamente para detener, perseguir y amedrentar a quienes se les antoje. En efecto, se ratifica que el morenísimo ha impuesto un país de súbditos.
@pedro_penaloz