Agencia Reforma
Guadalajara, Jalisco 1 enero 2026.- A través del ejercicio, personas adultas mayores pueden tener mayor energía, independencia y hasta calidad de sueño.
Mayor energía, independencia y mejor calidad de sueño, que se traducen en una vida más plena, son algunos de los beneficios que obtienen las personas adultas mayores gracias al ejercicio.
«La actividad física debe de ser un elemento que tenemos que integrar en nuestra vida cotidiana. Así como comemos tres veces al día, tomamos agua intermitentemente a lo largo del día, dormimos, también tenemos que integrar el movimiento dentro de nuestra rutina como un elemento esencial en todas etapas de la vida», afirmó el doctor Adrián Pelayo Zavalza, profesor e investigador del Centro Universitario de la Costa (CUCosta) de la Universidad de Guadalajara.
De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, el 31 por ciento de los adultos mayores en el mundo no cumplen con los niveles recomendados de actividad física de al menos 150 minutos semanales de actividad moderada, o 75 minutos de actividad vigorosa; en México, este porcentaje corresponde al 71 por ciento de ese sector de la población, según datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2022.
Dicha inactividad física aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, demencia y algunos tipos de cáncer, mientras que realizar algún tipo de ejercicio tiene beneficios como recuperar el equilibrio y así evitar caídas, ganar fuerza muscular y mantener independencia.
Sin embargo, Pelayo Zavalza aseguró que aún persisten barreras sociales que limitan la participación de los adultos mayores en la actividad física, como el estigma de que tienen que estar en su casa, aislados, no tienen que moverse y se convierten como en niños pequeños.
El académico recomendó que antes de iniciar cualquier programa de actividad física, el interesado acuda a consulta con un médico y un profesional de la cultura física para que haga un diagnóstico de la persona.
«Algunas recomendaciones generales son: integrar ejercicios de fuerza moderada, con ocho a 12 repeticiones y varias series, y complementar con actividades aeróbicas leves como caminatas, jardinería o baile. Esto ayuda a mejorar la salud general de manera segura», precisó.
El entorno desempeña un papel clave en la adherencia a la actividad física, puesto que si los hijos ven que sus padres necesitan hacer ejercicio, éste se convierte en una oportunidad de integrarse junto con ellos en la práctica, lo que genera convivencia y socialización, lo que no sólo aumenta la motivación de los adultos mayores, sino que fortalece los vínculos afectivos.
Pelayo Zavalza consideró que es necesario generar más espacios que promuevan la actividad física desde diferentes ámbitos, como el educativo, privado, social y gubernamental, para que más adultos mayores se decidan a realizar algún tipo de ejercicio.
Cambio de vida
Carmen Villagómez, de 72 años, sufría hasta hace unos meses dolor de rodillas al subir escaleras.
Sin embargo, gracias al ejercicio suave y a caminar -recomendaciones que le hizo su doctora-, ha encontrado una mejor calidad de vida.
«Inicié poco a poco, con distancias cortas; ahora camino 30 minutos, o de ser posible, más tiempo; voy a mi paso y hago algunos estiramientos. Me siento con más energía, duermo bien y no dependo tanto de mis hijos para moverme», señaló a la UdeG.
En tanto, Antonio Ramírez, de 68 años, padeció por su sedentarismo después de la jubilación. Pasaba mucho tiempo sentado frente al televisor, por lo que aumentó de peso.
Un amigo lo invitó a las clases de baile que se imparten en las instalaciones del DIF, lo que le cambió el panorama.
«Al principio, me daba pena, pero ahora no falto. He bajado de peso, tengo mejor equilibrio; además, hice nuevas amistades, así que también mejoró mi ánimo, porque a veces pasar de la vida activa a la jubilación es complicado», compartió.