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Agencia Reforma

Aura García Junco explora cómo algoritmos de redes y discursos culturales influyen y complican la forma de relacionarnos emocionalmente.

La idea de que «sabemos amar» es para la escritora y guionista Aura García Junco (CDMX, 1988) una respuesta siempre impermanente. La autora de El día que aprendí que no sé amar conversó sobre los hilos invisibles que dictan nuestras conductas afectivas, desde la herencia religiosa hasta el control algorítmico de Meta.

El algoritmo: ¿Consejero o manipulador?

Uno de los puntos más críticos de la conversación fue la intervención de las redes sociales en la vida privada. Aplicaciones como Instagram y WhatsApp recolectan metadatos para orientar publicidad y contenido, llenando los feeds de los usuarios con consejos de amor no solicitados.

Al respecto, Aura señala que esta dinámica ha impulsado una «hiperracionalización» de los afectos, donde términos anglosajones como love bombing, orbiting o ghosting se vuelven etiquetas rígidas que buscan definir identidades precisas.

Para la autora, aunque estas categorías pueden ser útiles, también corren el riesgo de deshumanizar a las personas y restringir nuestra capacidad de pensar el mundo fuera de las «cámaras de resonancia» digitales.

El peso de la cultura y la «educación del sufrimiento»

García Junco, autora de «Dios fulmine a la que escriba sobre mí», argumenta que lo que creemos sentir es, en gran medida, un discurso social e ideológico. En el contexto mexicano, destaca la influencia del catolicismo, que ha vinculado históricamente el amor con el sufrimiento como vía de redención. «Parecería que si no duele no es amor», afirma, citando incluso la cultura popular y canciones de Juan Gabriel como ejemplos de esta visión desgarradora del afecto.

Esta idealización del dolor puede derivar en lo que ella denomina «yunkies del sufrimiento», personas que encuentran un lugar de confort en la fricción y el malestar, llegando a confundir la violencia con la pasión.

La era de los «exes» y la patologización del otro

La escritora, egresada de la UNAM y cuya primera obra publicada es «Anticitera, artefacto dentado», observa que vivimos en una situación histórica insólita en la que se ha multiplicado la presencia de los «exes» en nuestra psique y comunidades. Ante este fenómeno, han surgido fórmulas como el «contacto cero», que la autora critica por no considerar siempre la existencia de una comunidad compartida.

Asimismo, alertó sobre la tendencia actual de patologizar las conductas ajenas usando términos psicológicos a la ligera.

«Lo que se estila es que tú empieces a pensar que esa persona es una narcisista, el término de la década», comentó, sugiriendo que esta etiqueta unidimensional impide una reconfiguración sana de los recuerdos y las relaciones.

Hacia una flexibilidad afectiva

Frente a las estructuras cerradas, Aura García Junco propone la flexibilidad como clave. Al hablar de relaciones no monógamas, enfatiza que cualquier vínculo requiere paciencia y una adaptación constante a los deseos y posibilidades reales de los involucrados, lejos de las expectativas impuestas por el cine o la televisión.

Finalmente, la autora reivindica la escritura literaria como un espacio de libertad y descubrimiento, un refugio contra el ruido externo donde es posible reflexionar sobre un mundo donde los sentimientos, lejos de ser naturales o eternos, son profundamente contextuales y culturales.

La «patologización» de los vínculos afectivos en el entorno digital conlleva diversos riesgos que Aura García Junco analiza críticamente, centrándose en cómo el uso irresponsable de etiquetas psicológicas y la influencia de los algoritmos alteran nuestra percepción de la realidad emocional.

Por enportada

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