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Foto y texto: Agencia Reforma


Monterrey, NL, 10 octubre 2025.- Del barrio de Xochimilco para el mundo. Carlos Ballarta, el comediante de lentes oscuros, sarcasmo filoso y voz inconfundible, acaba de dar un paso que pocos imaginaron: llevar su show de stand up al cine.

Con apenas 34 años y 13 de carrera, Ballarta logró lo que nadie en México había hecho: que su espectáculo Tlatoani —una joya de 72 minutos de humor ácido, crítica política y autogolpes de realidad— se proyecte en 80 salas de Cinépolis en todo el país.

“No me lo esperaba”, confiesa. “Empecé en esto por gusto, sin planearlo, y terminé enamorándome de la comedia. Es una profesión noble que te hace feliz, pero también te deja hacer reír a los demás, y eso vale un chingo”.

Después de recorrer medio planeta con Tlatoani —desde el Auditorio Nacional, donde llenó total, hasta Berlín, donde se presentó ante apenas 150 personas—, Ballarta dice que no importa el tamaño del público, sino la conexión. “La banda que te escucha es la que hace que el show cobre sentido”.

En este proyecto, el comediante reflexiona sobre la identidad latinoamericana, el capitalismo, la izquierda, la derecha, y hasta de sí mismo se burla. “Tlatoani significa el que habla, el orador. Y un comediante no sirve si no hay quien lo escuche”, explicó.

A diferencia de otros standuperos que viven pegados al celular, Ballarta reniega del título de influencer. Cerró varias redes sociales y solo se quedó con Twitter (X), donde comparte ideas sin filtros: “Mi trabajo no es venderme, es hablar de lo que pienso, aunque a veces duela”.

Por enportada

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