Agencia Reforma
Ciudad de México 31 enero 2026.- Ubicado en pleno andén subterráneo de la estación Juanacatlán de la Línea 1 del Metro, un muro verde que no ocupa más allá de 4 metros de pared llama la atención de los viajeros que recorren ese punto.
La jardinera vertical cumplió cuatro meses en el sitio, donde, sin necesidad de luz solar, ha mantenido su follaje.
El proyecto se encuentra en fase de prueba para determinar si podrá ampliarse a otras estaciones.
La instalación cuenta con lámparas cálidas que suplen la energía solar requerida, además de que un sistema aplica agua por goteo a la sucesión de pequeñas macetas colgadas del panel.
Las plantas absorben el bióxido de carbono que se concentra en el andén por la respiración de los usuarios y generan oxígeno.
«Las plantas están muy bien, con diferentes tonos de verde, absorben el bióxido de carbono de la transpiración, de la respiración de la gente y devuelven oxígeno, están oxigenando la estación», expuso Luis Rebollar, quien desarrolló el muro.
Los usuarios que se encuentran con este espacio, suelen acercarse a observar las plantas ante la incógnita de si estas son artificiales o naturales.
«Me acerqué para ver si son plantas artificiales, pero ya vi que no, son de verdad, ¿cómo pueden crecer aquí, si parece que no tienen agua? Te dan la sensación de frescura en una estación del Metro», contó Angel Córdoba, usuario de la estación.
El muro puede ser replicado como una solución basada en la naturaleza para mitigar el cambio climático y las islas de calor urbano, expusieron especialistas.
«Los muros verdes con plantas naturales por supuesto que reducen las islas de calor, a manera de buffer ambiental, de zona de amortiguamiento, dependiendo la extensión, la altura, permitiría también captar el ruido en zonas de tráfico vial», indicó el investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), Erick Aguilar.
El consumo de agua de esta pared equivale a una cubeta cada semana, volumen que es recirculado por las plantas, alojadas en el panel que fue instalado distanciado de la pared para no humedecer las instalaciones del Metro.
«Me dijeron que iba a estar en la oscuridad, les dije que si no funcionaba, lo recogía y me llevaba mis cosas. Tiene cinco meses haciendo fotosíntesis», explicó Luis Rebollar, quien recibió autorización para crear el muro como una prueba.
La Jefa de Gobierno, Clara Brugada, planteó a Rebollar que si demostraba su funcionamiento, se abría la posibilidad de replicarlo en otras estaciones.
«El problema de los muros ambientales es el mantenimiento», puntualizó Aguilar.
Para contener los efectos del calentamiento global, acentuado con islas de calor que aumentan la temperatura con el pavimento, lo ideal es incrementar los parques públicos, pero los muros con vegetación son una alternativa, con riesgos que deben ser previstos.
«Eventualmente las plantas crecen, entonces el peso aumenta y si se agrega el agua que consumen, ahí puede haber un problema», apuntó el investigador de Flacso.
Sin un proyecto con requisitos técnicos previamente resueltos ni un plan definido para darles atención cotidiana, los muros podrían convertirse en equipamiento en desuso, subrayó.
De acuerdo con la Comisión Ambiental de la Megalópolis (Came), las islas de calor contribuyen a incrementar la contaminación atmosférica, por lo que ha sugerido recurrir a ecotecnias para modular el calentamiento.