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Ciudad de México 25 octubre 2026.- El color y la tradición desbordaron Paseo de la Reforma.

Miles de flores de cempasúchil, catrinas, catrines, mariachis, comparsas, papel picado, dulces típicos, veladoras, carros alegóricos y series luminosas se encargaron ayer de darle vida al principal corredor turístico de la Capital.

En la zona, tanto andadores como carriles centrales lucían abarrotados de asistentes y participantes de la Megaprocesión de Catrinas, cuya ruta abarcó desde el Ángel de la Independencia hasta el Zócalo.

Mientras los primeros buscaron hacerse con en el mejor lugar para observar, los segundos tenían un objetivo claro: lucir su vestimenta, que, en algunos casos, requirió más de un mes de trabajo.

Tal fue el caso de Miriam y Pamela, madre y hermana de Belén Monserrat, quien diseñó sus trajes con flores de cempasúchil, dulces tradicionales y chiles, así como el maquillaje y los accesorios que portaron.

«Es una tradición que no debemos de dejarla en el olvido. Quise hacer un vestuario que sea, pues tradicional de México.

«Que es la semilla, el chile, el dulce típico de México, o sea, tenemos que basarnos en eso porque estamos haciendo una catrina tradicional», comentó la joven que llegó con su familia desde el Municipio de Chalco, Estado de México.

«Es que es una tradición que, bueno, mi mamá nos inculcó desde hace muchos años. Nos gusta hacerle la ofrenda a los muertos, darles una ofrenda por todo lo vivido que pasaron».

Cada vestuario costó más de 3 mil 500 y horas de trabajo artesanal. Al posar, algunas personas les dieron una cooperación voluntaria para fotografiarse a su lado.

Aunque la Megaprocesión inició a las 18:00 horas, Miriam y Pamela cargaron más de cinco kilos en los vestuarios desde alrededor de las 12:30 horas y hasta casi la medianoche.

«Es una bonita tradición para enseñarle a los demás que la muerte no solamente es tristeza, es un recuerdo, pero algo alegre para nuestros difuntos», expresó Pamela.

A su lado, los asistentes intentaron buscar un lugar para observar la Megaprocesión.

Hubo quienes se subieron a esculturas, bancas y bardas con tal de tener la mejor vista de los contingentes.

Frente a ellos, Reforma se volvió un río de color que avanzó al ritmo de los tambores y trombones que retumbaron el ambiente. El aire estaba impregnado de la fragancia que emanó de los pétalos de las flores de cempasúchil.

Conforme el desfile avanzó, la expectativa creció. Teléfonos y cámaras se alzaron entre el tumulto con tal de obtener la mejor toma.

Mientras algunos fotografiaron a las catrinas y catrines que paso a paso recorrieron la Avenida, otros más se dejaron llevar por las caravanas de carros alegóricos.

Una de estas estuvo conformada por combis cuyo frente estaba decorado de flores y series de luces. En sus toldos, se alzaron diferentes esculturas con motivos prehispánicos.

Si bien la Megaprocesión se realizó sin contratiempos, el comercio informal opacó la experiencia de los visitantes, pues, por momentos, los vendedores se molestaron debido a que su mercancía -que estaban dispuesta en el suelo de los andadores- fue aplastada por la multitud.

«Ya no te puedes acercar más, está algo mal organizado. La intención de los colectivos para el desfile es muy buena de hacer un buen espectáculo y mucha gente quiere venir a verlos, pero no se puede», lamentó Rodolfo, quien llegó con su familia desde Ecatepec, Estado de México, y Morelia, Michoacán.

Su esposa y su madre compraron un banquito para observar del paso de los contingentes.

Consideró que se deberían tomar medidas para facilitar que más personas disfrutaran del evento.

«Esto es recordar las tradiciones y todos queremos ver, tal vez que vengan quienes gobiernan a ver aquí abajo cómo se vive y piensen que sería bueno poner gradas, pantallas, que no dejen los puestos enfrente para que más podamos ver», añadió.

«Es una bonita tradición para enseñarle a los demás que, pues la muerte no solamente es tristeza, es un recuerdo, pero algo alegre para nuestros difuntos». Pamela.

Por enportada

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