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Monterrey, NL 12 octubre 2026.- Antes de perder definitivamente a su padre, Josefa Villanueva tuvo que despedirse de él más de una vez.

 La demencia fue borrando recuerdos y transformando al hombre que había conocido durante toda su vida. Frente a ese deterioro, la escritora regiomontana comenzó a entender que el duelo podía iniciar mucho antes de la muerte.

 «Antes de que mi padre muriera hubo otras despedidas también dolorosas, solo que en esas otras despedidas siempre estuvo latente la esperanza del reencuentro, de poderlo recuperar», cuenta.

 «Cuando pasó el tiempo, con la enfermedad, me di cuenta de que, hiciéramos lo que hiciéramos, la memoria se desvanecía y ahí comprendí que hacer esto consciente fue una forma de empezar a despedirme de él».

 De esa experiencia nació «Tres veces te perdí», publicado por el Fondo Editorial Nuevo León, un relato de memorias personales en el que Villanueva reconstruye la vida de su padre y, al mismo tiempo, narra el proceso mediante el cual la enfermedad fue convirtiéndolo, como ella misma describe, en «otra persona en un mismo cuerpo».

 El libro será presentado mañana, a las 18:00 horas en el Pabellón Nuevo León de la Feria Internacional del Libro Monterrey.

 -La demencia fue transformando a tu padre. ¿Cómo se aprende a seguir queriendo a alguien que poco a poco deja de ser quien conociste?

 «Pienso que amar a mi padre fue lo que me llevó a buscar la manera de aprender a relacionarme con esa otra versión en la que la enfermedad lo convirtió. Fue un tiempo en el cual me documenté mucho, pedí asesoría a expertos, quería a toda costa saber cómo relacionarme con él, cómo hablarle, cómo tratarlo, explica.

 «Nunca, en ningún momento, dejé de quererlo y de demostrárselo. Un día una amiga me dijo: ‘Una persona con deterioro cognitivo tal vez no nos recuerde, pero nunca olvida cómo es sentirse amado’, y con ese convencimiento viví esa etapa».

 Villanueva comprendió también que amar a una persona no significa necesariamente saber cuidarla.

 «Amar a la persona ayuda a querer cuidarla, a buscar la manera de hacerlo, pero no garantiza saber cuidarla», comenta. «Cuidar a una persona puede llegar a ser una tarea titánica y más cuando hay una enfermedad de por medio; hay que saber hacerlo, hay que informarnos, hay que estar unidos como familia porque la enfermedad no solo transforma la vida de quien la padece, sino también de quienes lo rodean».

 Le hubiera gustado, reconoce, contar con más información para identificar las primeras señales del deterioro cognitivo de su padre.

 «Ahora que los conozco, me parecen bastante obvios, pero en ese momento no lo fueron».

 La experiencia la llevó a una reflexión que trasciende su historia familiar.

 «Todos en algún momento de nuestras vidas vamos a cuidar a alguien o vamos a ser cuidados y por eso la importancia de que haya formación profesional de cuidadores y que nosotros como sociedad reconozcamos su labor y dignifiquemos su trabajo».

El hombre detrás de la enfermedad

 Villanueva no quería que «Tres veces te perdí» se limitara a contar los últimos años de su padre. Mientras la enfermedad desdibujaba su personalidad, ella recurrió a la escritura para reconstruir al hombre que había existido antes.

 «Yo quería hablar de lo que nos había sucedido con mi papá y su enfermedad, de cómo en la sociedad estamos en pañales en cuanto a información y detección en la familia de enfermedades de deterioro cognitivo; muchas veces no alcanzamos a distinguir cómo ciertos comportamientos nos están dando señales de que algo está pasando en su cerebro, hasta que ya es muy evidente», dice.

 «Pero no quería y no podía contar solo esa parte de su historia en la que se iba desdibujando sin contar el hombre que fue: su niñez, su juventud, su lucha por salir adelante, primero él y luego con toda la familia».

 En esa reconstrucción ocupa un sitio especial Aramberri, municipio del sur de Nuevo León donde nació la autora. Los viajes por carretera y las vivencias familiares en el pueblo fueron otro impulso para escribir.

 «Mi papá nos enseñó a amar a Aramberri y la historia de mi papá no podría existir sin la historia de Aramberri», señala.

 El libro nació sin pretensiones de llegar a las librerías. Villanueva comenzó a escribirlo como unas memorias familiares que pensaba autopublicar.

 «Desde un inicio la escribí como memorias personales, en primera persona, porque la idea era hacer una autopublicación solo para mi familia», dice.

 Después de trabajar el manuscrito con un editor y compartirlo con amigas, le dijeron que podía publicarse. Cuando recibió la aceptación editorial, la posibilidad de exponer una historia tan íntima le provocó dudas.

 «Cuando la editorial me dijo que sí lo publicaba, ahí sí temblé», revela. «Primero les escribí a mis hermanos para contarles que el libro se iba a publicar y que me urgía que lo leyeran y me dieran el visto bueno».

 Pensó en cambiar el estilo y los nombres, pero su hermano Ramiro le pidió que lo dejara tal cual.

 -Después de su muerte escribes que sobre ustedes cayó «un balde de culpas» y comenzaron los «¿y si…?». ¿Fue difícil perdonarte?

 «Sí, la culpa es canija, a veces se es duro con uno mismo y piensas que nada es suficiente, que pudiste haber hecho más. Fueron meses de mucha reflexión, de muchas reuniones familiares para platicar y entender que hicimos lo que cada uno pudo», responde.

 Villanueva buscó también a su padre en los viejos álbumes.

 «En todas las fotografías familiares mi papá aparece rodeado de todas sus nietas y nietos, siempre sonriendo, todos atentos a sus gestos, a sus risas, a lo que decía», cuenta. «En otras aparece abrazado por las nietas o bailando con ellas».

 La escritura terminó por cumplir una función semejante: impedir que la enfermedad se convirtiera en la imagen definitiva de aquel hombre.

 -¿Escribir el libro fue también una manera de recordar por él?

 «Exacto. Ha sido muy hermoso ahora que todas sus nietas han leído el libro, han revivido muchos recuerdos, pero sobre todo han conocido muchos episodios de su vida que no conocían», reflexiona.

 «Lo mismo nos ha pasado a los hermanos, al leer todo lo que vivió y trabajó para salir adelante y las aventuras que vivimos con él ha sido como recuperarlo, honrarlo, y no quedarnos solo con esa imagen de sus últimos años del hombre callado, ausente».

Encontrar una voz

 Antes de escribir «Tres veces te perdí», Villanueva leyó a autores que habían convertido al padre, la familia y la memoria en materia literaria.

 Entre ellos menciona «La figura del mundo», de Juan Villoro; «La cabeza de mi padre», de Alma Delia Murillo; «Una casa con jardín», de Itzel Guevara del Ángel; «El olvido que seremos», de Héctor Abad Faciolince, y «Qué hacer con estos pedazos», de Piedad Bonnett.

 «Siempre he pensado que si quieres escribir novela histórica, tienes que leer mucha literatura de ese género y a varios escritores, pero al final encontrar tu propia voz», comenta. «Si quieres escribir poesía, igual, leer a muchos poetas, pero al final encuentras tu voz para escribir tu poesía.

 «Yo leí muchos libros que hablan del padre (…) y creo que logré encontrar mi propia voz para escribir el mío».

 -Después de tu experiencia, ¿invitarías a otras personas a escribir sobre los suyos para preservar su memoria?

 «Definitivamente, invito a todas las personas a escribir sobre sus padres, sobre sus ancestros, porque además de preservar su memoria, me parece muy valioso que todos conozcamos de dónde venimos, qué vivencias se manejaron como secretos en la familia, qué luchas tuvieron, y sobre todo, escribir la historia de nuestros ancestros para honrar y agradecer.

 «Cuando investigamos sobre nuestras raíces entendemos por qué somos como somos; además, la historia se convierte en un legado para toda la descendencia», expresa.

 Su interés por el paso del tiempo se extiende al podcast «Crecer sin drama», cuyo objetivo es romper paradigmas sobre la edad y fomentar un envejecimiento activo y saludable.

 Ahí entrevista a personas mayores que permanecen activas en ámbitos deportivos, empresariales y culturales, así como a quienes trabajan en favor de los adultos mayores.

 «Me está yendo súper bien», dice. «He conocido a muchísimas personas muy interesantes y he aprendido demasiado».

 Por ahora, Villanueva disfruta la publicación de «Tres veces te perdí», aunque ya contempla otro proyecto.

 «No descarto escribir un ensayo sobre las oportunidades que tenemos cuando nos hacemos mayores, sin olvidar los retos o limitaciones», agrega.

 Después de escribir sobre un padre cuya memoria se desvanecía, Villanueva encontró en las palabras una forma de hacer el recorrido inverso: reconstruir sus recuerdos y devolverlo a la historia familiar.

 ASISTE

 Presentación de «Tres veces te perdí», de Josefa Villanueva.

 Presentan: la autora, Lizbeth Carrasco y Elizabeth Moreno.

 Mañana 13 de abril, 18:00 horas.

 Pabellón Nuevo León, Cintermex.

Por enportada

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