Spread the love

El fascista habla constantemente de corrupción.

Lo hizo en Italia en 1922, en Alemania en 1933, en Brasil en 1964.

 Acusa, insulta, ataca, como si fuera puro y honesto.

Pero el fascista no es más que un delincuente común,

un sociópata que hace carrera en la política.

Norberto Bobbio

Recorremos paso a paso el camino de la simulación y la destrucción democrática, de la definición hacia un régimen protofascista, claramente encabezado por el supremo líder que sigue reclamando su lugar en la historia de las transformaciones nacionales.

La ruta trazada por el principal generador de ese camino oscuro en el cual nos encontramos, a veces se complica en su avance, viéndose obligado a mostrarse desplegando sus destrezas distractoras, como la de su librito y sus peroratas con las que gusta de gritar ¡al ladrón!, señalando en los de enfrente, en sus opositores, todos los vicios y malas conductas que él y su movimiento padecen, que les son consustanciales, como una forma de “curarse en salud”, claramente una proyección psicológica del manual del autoritario que sigue a pie juntillas.

Por eso señala en los demás, en los que no comparten su proyecto y/o señalan sus arbitrariedades y corruptelas, que tienen una visión y un comportamiento neofascista, que es lo que él realmente desea y promueve para el país.

La aparición del “supremo líder” no puede pasar como un dato anecdótico más del ególatra, porque fue necesaria para apaciguar a la plebe sobre la podredumbre que hoy desnuda su gobierno y, puntualmente, la evidente vinculación de su círculo familiar con relaciones y acciones irregulares o ilegales.

Decide aparecer cuando se cumplen dos años del gobierno de Claudia, pero no para reconocer a la actual administración, sino llenar de loas al cierre de un piso de transformación, el suyo, atreviéndose cínicamente a celebrar que “se logró desaparecer la corrupción”, “se construyó uno de los mejores sistemas de salud del mundo” y se logró una “nueva escuela mexicana que nos enseñó a ser mejores”, cuando todos los datos públicos demuestran justo lo contrario: la peor corrupción, los peores servicios de salud y los más bajos niveles educativos que se recuerden.

Para él y su fantasía, su historia se muestra en las grandes obras del obradorato que le dieron sustancia al tiempo presente de nuestro país, regalando su aparición a los fieles, aunque con ello apague las luces de los dos años de la gestión claudista, que palidece ante los seis años previos.

La aparición del “viejón” como lo llama el emocionado y cuestionado exgobernador veracruzano Cuitláhuac, refiere en el fondo la necesidad de enviar el mensaje de protección del papi para sus juniors ante la falta de fuerza presidencial para mantener la coraza para sus vástagos y la construcción del manto protector de impunidad del putrefacto círculo rojo de sus cercanos, acorralados por las evidencias que ponen al pañuelito blanco del fin de la corrupción en un grave estado de suciedad y pestilencia. .

Mientras, los fieles siguen los festejos de la aparición del “viejón” salvador, donde también aprovechó para reeditar la continuidad del odio y la intolerancia en un país transformado para mal por sus problemas, por la destrucción democrática y de la República  sobre la que se alza un segundo piso autocrático, carcomido por la incapacidad y la ignorancia de la prepotente y arbitraria nueva mafia en el poder.

DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA

Como sus enfermos se curan en hospital privado, reduce a show mediático las legítimas quejas y exigencias contra el pésimo sistema de salud veracruzano plenamente documentado. Insensibilidad inadmisible.

mquim1962@hotmail.com

X: @mquim1962

Por enportada

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *