Por Edgar Hernández Línea Caliente
Sea por la fuerte versión de que Rocío Nahle regresa a ciudad de México para integrarse al gabinete de Sheinbaum o porque persiste la Revocación del Mandato o porque ha resultado imparable la presión política ante las repetidas denuncias públicas sobre sus rapacerías, el caso es que su segundo de a bordo, Ricardo Ahued, calienta motores.
Se declara listo.
Ahued, un viejo priista que siempre ha navegado con la bandera del “¡Yo no fui!” ya mismo se ha convertido en la sombra de Nahle.
No hay lugar donde la gobernadora, oriunda de Zacatecas, aparezca públicamente, donde no esté presente sea en la discreción o acaso en las filas de atrás, pero siempre pasando lista, siempre muestreándose ya que solo es conocido en Xalapa.
Y habría que reconocer que el hoy Secretario de Gobierno, hidalguense de ascendencia libanesa, ha aguantado vara.
La prensa critica, salvo excepciones que confirman, ha sido objeto de ataques repetidos.
Su servilismo, desatinos, falta de callo político, cerrar la puerta a la prensa que lo censura, ser en extremo cuadrado y de obediencia extrema a la patrona, en nada se parece a sus antecesores.
Y es que la SEGOB ha tenido exponentes de alta talla como Dante, Morales Lechuga, Carbonell o Berlín Valenzuela.
Todos frente a un comparativo sorpresivo, un segundo de a bordo que se ha ganado el mote de “Conserje de Palacio”, mismo que ha retroalimentado autocalificándose además como “Albañil, plomero y jardinero”.
Ahued es un político que no acaba de aprender, pero ahí está.
La riega de manera repetida como fue el caso de sus últimas declaraciones por el caso del “suicidio” de Zenyazen, pero ahí está.
Presente desbordando elogios y adjetivos a la jefa, refiriéndose en extrema humildad a la superioridad y, sin recato vano, simplemente no se mueve más allá de la institucionalidad que más parece arrodillamiento.
Y aunque su nombre ha sido mencionado en el ámbito político para futuras aspiraciones, él ha manifestado públicamente que “no busca candidaturas inmediatas” y que su enfoque actual está en cumplir con su responsabilidad en el gabinete estatal.
La pregunta obligada es entonces:
¿Si la candidatura «inmediata» es que no aspira a ser diputado, la mediata es que sí buscará la candidatura a la gubernatura en el 2030?
No hay duda que don Ricardo le apuesta al premio mayor y su principal arma es pegarse a la falda de la jefa, el no representarle peligro alguno, ser el honesto a carta cabal, el político gris por el cual puedes pasar a través de él sin que notes su presencia.
Su premio será estar inscrito en el primer lugar de la sucesión. En convertirse en la “Cafiaspirina” -diría Acosta Lagunes- para el dolor de cabeza que representa para Sheinbaum la gobernadora Nahle a quien cada 15 días viene a visitar para levantarla.
¿Qué si está en lo correcto Ahued?
Habría que preguntárselo a él ya que en la realidad nunca fue un hombre de pelea, solo de nadar de a muertito.Pero, sin duda, que tiene su carácter.
Es un hombre de empresa, sin problema financiero alguno y difícilmente se podría comprobar ratería alguna.
Su paso por Aduanas fue limpio, lo cual le dio un enorme valor ya que se sucede en el marco del nacimiento del Huachicol Fiscal, en que cobra auge el Fentanillo, en que los Carteles se agrupan y meten de lleno a los gobiernos federales y estatales.
Y si bien es retraído, quienes lo conocen aseguran que tiene lo suyo.
Es un hombre de palabra y tanto estar cerca de la política, de la mala y de la peor, ha terminado por dormir con ella.
Ricardo Ahued Bardahuil ya mismo está presente en la cotidianidad de la política y si bien hace cola, solo guarda silencio, solo espera.
En modo alguno se asemeja a Adolfo Ruiz Cortines, un arquetipo histórico mejor encaja con esta descripción del sistema político mexicano en donde lo que hoy prima es el pleito y no la disciplina y guardar silencio como lo hace Ahued, quien hoy baja la cabeza y aguanta vara.
Tiempo al tiempo.
*Premio Nacional de Periodismo
