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Ciudad de México 13 septiembre 2026.-  A dos años del estallido de la guerra interna entre «La Mayiza» y «La Chapiza», miles de habitantes de Culiacán inundaron las principales arterias de la capital sinaloense para exigir un alto definitivo a la inseguridad. Vestidos de blanco y coreando consignas como «Somos más los buenos», una marea ciudadana conformada por familias, empresarios, académicos, colectivos de búsqueda y líderes religiosos recorrió la avenida Álvaro Obregón —desde la Lomita hasta la Catedral— en la segunda gran marcha por la paz convocada por la Iglesia y el sector productivo para recuperar las calles y la normalidad.

La movilización reflejó el hartazgo acumulado tras setecientos días de pugnas entre las facciones del Cártel de Sinaloa, un periodo que, de acuerdo con los organizadores, deja una dolorosa estela de más de cinco mil homicidios dolosos, quince mil vehículos robados, tres mil negocios cerrados, veinte mil empleos perdidos y cinco mil personas desaparecidas, además de ciento veinte menores de edad asesinados. Testimonios desgarradores como el de madres buscadoras y familiares de víctimas recientes —incluido el caso de un bebé alcanzado por una bala perdida— evidenciaron el costo humano de la disputa criminal.

Durante la protesta, que contó con la presencia de legisladores locales, federales y dirigentes empresariales, la exigencia de seguridad derivó también en reclamos directos contra autoridades gubernamentales. La manifestación concluyó con la quema de piñatas con las efigies de funcionarias y de la titular del Ejecutivo federal, un gesto que sintetizó la furia y la desesperación de una sociedad que clama por regresar a casa con vida y retomar su derecho elemental a la paz.

Por enportada

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