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Monterrey, NL 14 septiembre 2026.-  La historia de Monterrey late al ritmo del acero y del esfuerzo obrero que transformó una región ganadera y textil en el epicentro industrial del país. Desde los primeros telares decimonónicos impulsados por la posición fronteriza, la ciudad dio el gran salto a la modernidad durante el Porfiriato, cuando el arribo del ferrocarril y el impulso oficial cristalizaron el 5 de mayo de 1900 con la fundación de la emblemática Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey.

El proyecto, respaldado por visionarios empresarios locales y capitales extranjeros, no sólo levantó los cimientos de la metalurgia nacional, sino que reconfiguró el entorno urbano con la creación de colonias obreras como Acero, forjando una comunidad inseparable de las chimeneas y los hornos altos. Sin embargo, el camino de este gigante también conoció la tragedia y la crisis, desde el fatal accidente que cobró la vida de 17 trabajadores en 1971 hasta la severa deuda y estatización que culminaron en su dolorosa quiebra y el cese de operaciones en mayo de 1986, dejando a más de 11 mil familias sin sustento.

Lejos de apagarse por completo, el espíritu de la planta se reinventó tras la expropiación de sus terrenos por decreto presidencial. Aquel complejo humeante renació a finales de los años ochenta convertido en el Parque Fundidora, un espacio público que hoy resguarda la memoria arqueológica industrial de México y convive con centros de convenciones, foros de espectáculos y áreas culturales que conservan viva la identidad regiomontana.

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