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Ciudad de México 31 agosto 2026.- Se espera que en el Segundo Informe de Gobierno se den noticias positivas, pero el problema es que varias de ellas son máximos puntuales, efectos del momento o logros con un alcance limitado, resaltó la firma Consultores Internacionales.

 En su documento «¿Qué esperar del segundo informe?», la firma destacó que se requieren avances a largo plazo.

 «El verdadero reto para el Gobierno no es enumerar avances, sino explicar qué se hará para sostenerlos en el tiempo: más inversión productiva, más empleo formal, mayor productividad, finanzas públicas sanas», detalló.

 Destacó que hay estabilidad y resistencia, pero falta transformarlas en crecimiento duradero, afirmó.

 Asimismo, dijo que la economía mexicana ha mostrado estabilidad y capacidad de resistir; lo que todavía tiene pendiente es convertir esa estabilidad en un crecimiento sostenible, y no solo en una colección de buenas anécdotas.

 No hace falta adivinar el contenido del informe; lo que sí vale la pena es aprender a distinguir un máximo histórico de una tendencia que realmente se sostiene.

 El reciente anuncio de la Inversión Extranjera Directa (IED) es un buen ejemplo de ello. El Gobierno presumirá los 34 mil 504 millones de dólares captados en el primer semestre de 2026, una cifra récord.

 Pero el crecimiento anual fue de apenas 2.1 por ciento, el más bajo desde 2020; y del total, 88.5 por ciento fue reinversión de utilidades; la inversión nueva, la que realmente importa y sostiene la expectativa, cayó 13.4 por ciento y hoy representa solo 14 por ciento del total,cuando en sexenios anteriores llegaba a 40 por ciento.

 Los componentes internos del Producto Interno Bruto (PIB) tampoco ayudan mucho a la narrativa optimista.

 La inversión fija creció 5.2 por ciento anual en abril, un dato bueno, pero no borra los anteriores 19 meses seguidos a la baja y para mayo el avance ya se había reducido a 2.4 por ciento.

 El consumo privado también subió, si bien buena parte de ese impulso vino de bienes importados, más baratos gracias a la apreciación del peso.

 Si hay algo que el gobierno puede defender es la inflación.

 En julio los previos se incrementaron 3.12 por ciento, si bien la subyacente rondó el 4 por ciento, dentro de rango de la meta del 3 por ciento que persigue el Banco de México.

 Vale la pena recordar que buena parte de esa baja se debe a menores precios agropecuarios y a subsidios en combustibles y electricidad, no necesariamente a una desinflación estructural.

 El tipo de cambio, por debajo de 17 pesos por dólar, tampoco faltará en el discurso.

 Ayuda a contener precios y abarata las importaciones, pero no es, por sí solo, una prueba de fortaleza económica: la debilidad del dólar a nivel global y el carry trade explican buena parte de esa apreciación.

 Para quienes exportan, un peso fuerte reduce la competitividad de sus ingresos en moneda nacional.

Por enportada

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