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Agencia Reforma

Monterrey, NL 16 agosto 2026.- La puerta metálica se abre y aparece un paisaje que pocos imaginan dentro de un penal: hay una biblioteca luminosa y un parque donde niños juegan con sus padres durante las visitas familiares.

Uno puede imaginar así a Gilberto Marcos, caminando con familiaridad entre esos espacios, porque él impulsó su creación. Sigue con la imagen del conductor de televisión que hizo época en Monterrey, pero ya no espera la luz roja de una cámara para dar noticias. Ahora conversa sobre educación, trabajo y dignidad para los internos.

«Lo que buscamos es que, al salir, la gente no vuelva a cometer delitos», comenta en su oficina ubicada en la empresa Mariscal, en el Centro de la Ciudad.

Durante un cuarto de siglo, Gilberto fue uno de los periodistas más conocidos en la TV. Entrevistó a políticos, empresarios y dirigentes sociales; convirtió Foro, su primer programa, en una referencia del debate y defendió la apertura en la televisión cuando la pluralidad en ese medio no existía. Sin embargo, cuando habla de su trayectoria nunca empieza por sus inicios, sino en su lucha actual desde Fomento Laboral Penitenciario (FOLAPAC).

«Yo creo que en el fondo lo que traía era una vocación de servicio, que es algo que siempre me ha dado muchas satisfacciones», cuenta Gilberto, amable y memorioso, sobre su origen.

Nacido un 17 de noviembre, de niño quiso ser franciscano. Después imaginó una carrera como psiquiatra. Ninguno de esos caminos prosperó. Las circunstancias lo llevaron a estudiar Comunicación en el Tec de Monterrey, una carrera de la que apenas se hablaba entonces.

En casa aprendió una disciplina que lo marcó. Su padre, Jesús B. Marcos, no celebraba las buenas calificaciones si no iban acompañadas de trabajo.

«A mí no me des puros dieces. Aunque saques ocho en la teoría, te voy a pedir que saques ocho en la práctica. Y eso suma 16. Ponte a trabajar, porque yo no te voy a estar financiando», le dijo el empresario al primero de los cinco hijos que tuvo con Herlinda Handal.

Mientras estudiaba vendía publicidad y escribía notas para Ecos del Valle, publicación de la Junta de Vecinos de la Colonia del Valle. Luego colaboró en El Diario de Monterrey y en Sierra Madre.

«La reporteada es de lo mejor que puedes hacer en periodismo. El reportaje te da un bagaje muy amplio, conocimiento de las ciudades y de las situaciones sociales».

Cuando estaba en Sierra Madre le sugirieron probar suerte en Canal 3, donde lo recibió Américo Leal, comunicador de prestigio. Gilberto entró casi por curiosidad. Comenzó con una cápsula llamada Personas dentro del programa Panorama, que conducía Leal.

«Platicaba con las personas, les tomaba fotos y narraba la entrevista en 5 minutos, y así fui haciendo cosas», recuerda.

Uno de esos materiales cambió su vida. Durante una cobertura encontró a un indígena huichol que lloraba porque policías le habían robado el dinero con el que pagaría los estudios de sus hijos. La historia conmovió a la audiencia. Decenas llamaron al canal para ofrecer ayuda hasta saturar el conmutador.

Otro momento fue el motín en el Penal del Topo Chico, en 1980, donde narró por 19 horas consecutivas el secuestro del director Alfonso Domene y otras personas. El desenlace fue el asesinato del director y de los internos secuestradores por parte de la Dirección Federal de Seguridad.

«Fue un evento extraordinario en la Ciudad porque nunca había pasado eso. Ni ha vuelto a pasar», comenta.

Poco después, Mario Quintanilla, fundador de la televisión regiomontana, le propuso conducir un nuevo programa dominical. Gilberto prefería un puesto ejecutivo y trató de convencerlo. No pudo.

«‘Usted se va a amargar ocho horas ahí sentado en el escritorio’, le dijo. ‘Por lo inquieto que es, mejor haga el programa: sale en 15 días'».

Así nació Foro. Gilberto tenía poco más de 20 años y ocupaba un espacio reservado para figuras más experimentadas. El nerviosismo desapareció cuando entendió el papel del conductor.

«El protagonista es el invitado, no el conductor», se dijo.

En una época en que la televisión local ofrecía pocas voces distintas, Foro abrió por más de dos décadas espacio para empresarios, académicos, dirigentes sociales y políticos de todas las ideologías.

«Habíamos prometido ser plurales», comenta.

La decisión incomodó a más de uno, pero Gilberto estaba convencido de que la credibilidad dependía de escuchar a quienes pensaban diferente.

Esta convicción alcanzó uno de sus momentos más tensos cuando por casualidad reunió en el estudio al Gobernador Alfonso Martínez Domínguez y al panista Alfredo Corella, quien acababa de acusar al PRI de preparar un fraude electoral. La confrontación ocurrió en vivo y fue tan álgida que, al término de su participación, el mandatario se fue del estudio sin despedirse.

Al día siguiente, varios anunciantes cancelaron su publicidad. Gilberto interpretó el mensaje como una represalia política. Un emisario lo invitó a hablar con el Gobernador y, tras insistirle, aceptó enfrentar al político.

«‘Oiga, yo pensé que usted era más inteligente’, le dije. ‘Lo que me está haciendo es ayudándome a crecer, porque todos esos a los que les habló van a decir que me tiene coraje o que me tiene miedo'», le dijo.

El boicot terminó. Con los años, la relación con Martínez Domínguez sería positiva.

El ex Gobernador Fernando Canales Clariond, quien lo conoce desde que era reportero, lo define como incisivo, mordaz e inteligente.

«Nadie podía negarse a una invitación de Gilberto a estar en su programa, lo solicitábamos a veces. Al final a todos nos unía el cariño a Monterrey y a México. Diferíamos, pero buscábamos consensos. Cómo nos hace falta».

En 1985, Gilberto llegó a dirigir el noticiero Buenos Días, en el que estuvo más de 15 años, y más tarde la operación del canal, que pasó del 3 al 2 y al que le puso su propio sello: lo llamó La Fuerza de la Imagen. Había conseguido el cargo ejecutivo que tanto buscó al inicio de su carrera, pero ya no era únicamente lo más importante.

El escritor y periodista José Francisco Villarreal trabajó en el área de Noticias y en Foro, y recuerda con afecto a Gilberto.

«Fuimos muchos los que aprendimos periodismo y comunicación bajo su tutela. No era solo lidiar con el poder, en ese tiempo más sinuoso que hoy: también era mantener un contacto dinámico con el público.

«Me consta que unas cuantas palabras suyas durante Buenos Días cambiaron positivamente el curso de acontecimientos, conmovieron a la sociedad o sacudieron a la clase política».

Agrega: «En mi vida he tenido muchos jefes, y tengo quejas de la mayoría. No es el caso con Gilberto Marcos, un capitán impecable, un maestro excepcional y, finalmente, un amigo invaluable».

MAYOR RECONOCIMIENTO

Gilberto Marcos fue un rostro por demás conocido gracias a Foro, que se convirtió en una tradición -incluidos los Foros Bohemios, celebrados con motivo del aniversario de la emisión y a los que acudían artistas de toda índole-, así como por conducir el noticiero diario Buenos Días.

Sin embargo, después de 25 años frente a las cámaras, dejó la televisión en el momento de mayor reconocimiento. No se fue por un conflicto ni por falta de proyectos. Simplemente sintió que había terminado un ciclo.

«Siempre he pensado que hay que dar vuelta a la página», explica.

También pesó una promesa hecha a su padre, quien poco antes de morir le pidió regresar a los negocios familiares. Cumplió su palabra y, aunque Emilio Azcárraga Jean le pidió permanecer al frente de Foro, al tiempo terminó alejándose de la pantalla.

«Yo ya cumplí, ya disfruté, traté de dar el mejor servicio, pero ya es hora de tomar un descanso», dijo entonces Gilberto, casado con Cecilia Navarro, con quien tuvo a Antonio, Santiago, Regina y Natalia.

Las invitaciones para integrarse a otros medios no tardaron en llegar. Todas las rechazó.

«Eso de que te estén diciendo: ‘Oye, no digas esto porque me vas a desbaratar un negocio. O di aquello para pegarle a alguien’. No se me da».

Pensó que se dedicaría al negocio familiar, pero una conversación lo hizo cambiar de parecer.

Un amigo le preguntó si realmente iba a apagar de golpe una experiencia y una reputación de años: «No se vale», le dijo.

La duda lo acompañó por días. Comprendió que todavía podía ser útil, aunque fuera lejos de los medios.

La inquietud por participar en los asuntos públicos venía de tiempo atrás. Como presidente de su colonia había descubierto que los ciudadanos casi siempre protestaban cuando las decisiones ya estaban tomadas por los políticos.

«La gente va y protesta por algo, pero ya cuando es demasiado tarde», recuerda.

La participación debía ser en el diseño de las políticas públicas. Por ello, participó en organizaciones vecinales, consejos ciudadanos como la Federación de Colonias de San Pedro y asociaciones como Vertebra y Foro Libre y Democrático, este último fundado por él y en el que estuvo acompañado por otros ciudadanos.

Incluso exploró antes la posibilidad de contender por la Alcaldía de San Pedro con un proyecto ciudadano, pero abandonó la idea al comprobar que la lógica de los partidos era incompatible con sus ideales.

«Para llegar es un enlodadero tremendo», dice sobre el ámbito político. «Antes los políticos con un ‘periodicazo’ entendían, ahora son muy socarrones. No hay de otra más que estar unidos».

Por años se dedicó al activismo. La siguiente vuelta del destino llegó cuando Gregorio Treviño Lozano le pidió ayudar a rescatar Fomento Laboral Penitenciario (FOLAPAC), asociación dedicada a impulsar el trabajo y capacitación dentro de los penales, de la cual el Gobierno se había apropiado.

Aceptó y lo que encontró ahí lo convenció de que la reinserción no podía reducirse a cumplir una condena: había que ofrecer educación, trabajo y condiciones para reconstruir la vida familiar.

«Debemos pensar en que, si no elevamos el nivel de esa gente, si no le ayudamos a tener una disciplina laboral, si no le damos dignidad… lo que buscamos es que haya menos reincidencia. Y eso es finalmente que haya menos víctimas».

Con esa idea impulsó talleres, áreas verdes, canchas, parques, corredores de arte y consultorios.

Mercedes Jaime de Fernández, del Centro Pro Penal, dice que FOLAPAC renació con Gilberto.

«En todas las bodas que tengo en los penales y reconocimientos él me apoyó con lo que se necesitara», comenta. «Todas las mejoras en los penales las ha hecho FOLAPAC».

Esta lógica inspiró a Gilberto a construir bibliotecas en las cárceles, una de ellas con el nombre de Alfonso Domene. En ese esfuerzo tiene entre los aliados a su hijo Santiago, quien más chico inició campañas de donación de libros para los centros penitenciarios.

«Siempre he admirado su disposición para involucrarse en la solución de los problemas de la sociedad y, sobre todo, su convicción de actuar de acuerdo con sus valores», dice Santiago sobre su padre. «Pero lo que más valoro es que, a pesar de sus deberes, preocupaciones y responsabilidades, siempre ha encontrado la manera de estar presente para nosotros: para escucharnos, apoyarnos y empujarnos a cumplir nuestras metas.

«Mi padre repite una frase ante cada reto: ‘Cuando el camino es duro, los duros caminan’. Lo importante es que no solo la dice: es su estilo de vida».

Después de tantos años de vida pública, todavía hay quienes le preguntan a Gilberto si extraña la televisión. Sonríe.

«Ya no», dice y mira en su oficina la portada enmarcada de la sección GENTE del 12 de noviembre del 2001 con el encabezado «Dice adiós al Canal 2».

Añadirá después: «Nunca había hecho cuentas. Acabo de hacerlas: fueron más de 14 mil horas al aire. ¡No pensé que fueran tantas!».

Cuando mira hacia atrás, descubre un patrón: la casualidad.

«Por casualidad llegué a la televisión… por casualidad estoy en Fomento Laboral Penitenciario».

Hace una pausa y corrige: «No. Por casualidad, coyuntura, preparación y oportunidad».

Es la fórmula con la que resume su vida.

«Donde nos haya tocado», añade, «siempre meterle pasión, desarrollar una visión, ponerse a jalar: acción, acción, acción».

Quizá por eso, al pensar cómo quisiera ser recordado, no inicia con entrevistas memorables o programas exitosos.

Prefiere volver a la idea que ha guiado cada una de sus decisiones desde que quiso ser sacerdote o médico: servir a los demás.

Porque, para Gilberto Marcos, los escenarios cambian.

La vocación, no.

Por enportada

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