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  • El amor de los mexicanos por el balón es un romance de 36 siglos que inició con rituales sagrados y evolucionó hasta la locura del futbol actual.

La relación de México con los juegos de pelota es la más antigua del planeta, comenzando hace 3600 años con los olmecas, quienes dominaron el uso del hule para crear esferas perfectas. 

El ulamaliztli no era un simple pasatiempo, sino un mecanismo diplomático para resolver disputas entre pueblos sin derramar sangre en batallas.

Los partidos emulaban el tránsito solar para asegurar el equilibrio del universo y la prosperidad agrícola. 

El arraigo fue tal que zonas como Cantona y El Tajín se llenaron de complejos deportivos, donde el mayor honor para un líder de escuadra era ser sacrificado tras la victoria.

El fuego sagrado de la pelota cambió de rostro en 1892, cuando mineros británicos en Hidalgo fundaron el Pachuca, marcando el nacimiento del futbol nacional. 

A partir de ahí, la integración de los jugadores locales fue abriendo paso a la creación de clubes legendarios.

Esta fascinación cultural que vibra en cada torneo explica la identidad de una nación que ha hecho de la cancha su templo, consolidándose como una de las sedes mundialistas más importantes de la historia.

Por enportada

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