Monterrey, N.L 8 junio 2026.- El que fuera el cultivo «estrella» del campo mexicano enfrenta una de sus peores crisis estructurales. Presionados por los castigos comerciales de Estados Unidos, el desabasto de agua y los altos costos internacionales, los agricultores del país reducirán la superficie de siembra de jitomate a solo 38 mil hectáreas durante este año. Esta cifra representa un desplome del 17 por ciento en comparación con los registros de 2024, antes de que se reactivara el conflicto arancelario.
De acuerdo con los análisis económicos de la oficina del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) en Guadalajara, el impacto de este retroceso ya se trasladó a los bolsillos de los consumidores locales. Tradicionalmente, los excedentes de las exportaciones hacia el mercado estadounidense funcionaban como un amortiguador que estabilizaba la oferta en México; sin embargo, al contraerse la producción globalizada, ese «colchón» doméstico desapareció, provocando una escalada inmediata en los precios internos de la hortaliza.
La crisis rompe con una racha de modernización tecnológica que colocó al tomate mexicano —junto a las berries, el aguacate y el mango— como un referente de exportación cultivado en 31 de las 32 entidades federativas, principalmente mediante sistemas de invernadero y agricultura protegida.
El punto de quiebre comenzó a consolidarse el año pasado, cuando la producción nacional retrocedió un 12.2 por ciento anual para situarse en 2.8 millones de toneladas. Este declive fue el resultado directo de la imposición de cuotas compensatorias por dumping implementadas por Washington desde julio pasado, sumado a una severa sequía que azotó a regiones productoras clave como Sinaloa.
El panorama para los productores se complicó aún más en este primer semestre debido a factores geopolíticos. Las tensiones militares en el Medio Oriente dispararon los precios de los fertilizantes nitrogenados. Al tratarse de un cultivo de ciclo rápido —que requiere cosecharse en periodos de 60 a 70 días—, el jitomate es altamente dependiente de estos insumos químicos, lo que terminó por asfixiar la rentabilidad financiera de los agricultores y aceleró el abandono de tierras destinadas a esta hortaliza.