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Uriel Flores Aguayo

A propósito del impacto mundial del Artemis II, y el asombro de su acercamiento a la luna, hay cierta similitud con las abismales distancias en la deliberación pública. Bien dicho está cuando se habla de una distancia entre la tierra y la luna, en sentido figurado, para ubicar las diferencias en opiniones y conocimientos. Sin información el diálogo es imposible y las posturas políticas o de ideas se tornan repetitivas y rutinarias. Sin diálogo no hay comunicación, por tanto la sociedad se empobrece y tiende al aislamiento. Una ciudadanía sin comunicación no hace comunidad, no es fuerte y no crece con madurez. Aquí aplica sobretodo la libertad de expresión, la transparencia pública, la más amplia información y el conocimiento. Abruma ver opiniones basadas en propaganda y, peor, en campañas de mentiras. Se dirá que así es la política y que hasta en las guerras se miente. Es cierto, pero no se tiene porque ser tradicionalistas y dejar de lado la inteligencia.

Las consignas y mentiras dañan el tejido social y hacen nebuloso el rumbo a seguir por la sociedad. No debe haber terreno para las mentiras. Ya de por sí se nota un delicado desinterés de la gente por lo público. Los escándalos a la larga pasan la cuenta en términos de confianza y adhesiones. La desinformación inhibe el debate, implica un terrible desnivel en el acceso a la cultura y la educación, volviendo imposible la deliberación pública. De entrada ese es un formidable obstáculo para la comunicación social y los acuerdos. Es lógico rehuir el debate cuando resulta obvio que alguna de las partes no tiene ni idea de lo que se va a controvertir.

Es de obviedad que no se puede impulsar el debate público constructivo sin antes nivelar el terreno con la misma información. Es una necesidad social y democrática. Los partidos, los políticos, los líderes, los medios de comunicación y demás deberían tener como prioridad el fomento del debate informado y la apertura a espacios constructivos. Cuenta mucho el respeto al otro, la absoluta tolerancia con las opiniones distintas. Se deben construir entornos sanos y convivencia de calidad; tal necesidad excluye la polarización y los insultos. Hasta los ataques políticos pasarían a segundo término. No es ocioso aspirar a una vida pública que incluya una deliberación libre de demagogia, odio y mentiras.

Recadito: hay que garantizar el derecho al voto en las elecciones de agencias.

Por enportada

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