UNO MENOS
Salvador Farfán Infante
El ser hombre o mujer no es solamente una cuestión de biología; es el resultado de un proceso muy complejo que imponen los diferentes contextos socioculturales, que se aprende y reproduce a través de las instituciones, en especial de la familia, escenario principal en el que se construyen las identidades masculinas y femeninas en la práctica cotidiana de las relaciones con las personas significativas, y por medio del aprendizaje del lenguaje y las verdades o mitos familiares.
Tradicionalmente se ha asumido que la masculinidad es el ideal a seguir por los niños y la feminidad por las niñas, ya que la educación de ambos está basada en todos los atributos culturalmente asignados a las diferencias sexuales. La crianza y la educación formal e informal son distintas para hombres y mujeres. La socialización diferencial de género es una de las bases de la inequidad, la discriminación y la desigualdad social entre los géneros.
Los estereotipos de género definen los roles que se deben de cumplir: el rol masculino asociado con la producción (remuneración) y el femenino, con lo reproductivo (natural). Se atribuye una identidad masculina –masculinidad– a los hombres y una identidad femenina –feminidad– a las mujeres.
La identidad es el conjunto de atributos que define una forma específica de ser diferente de los demás y semejante a algunos.
Diferentes procesos conscientes e inconscientes permiten internalizar normas sociales y verdades familiares que forman a los individuos, construyendo sus propias historias, como una persona distinta a las demás.
La identidad de género es la forma en que un hombre o una mujer se mira a sí mismo(a) como tal; el ser hombre o mujer se construye socialmente a través de la internalización de atributos establecidos en función del sexo, aprobados por una sociedad o grupo de personas. Es entonces que ellos y ellas hacen suyos los contenidos de género, por lo que se reconocen e identifican hombres o mujeres y les reconocen e identifican los otros.
A partir del mandato cultural se estructuran las personas, los géneros y sus relaciones, por lo tanto, las diferencias de lo que es ser hombre y ser mujer son construcciones socioculturales, y no son de naturaleza biológica. El sexo es biológico y natural, se da, no se construye, se nace con un cuerpo que da cuenta de la diferencia anatómica; la asignación del género es una construcción psicosocial, se aprende en las relaciones, a través del lenguaje y en un contexto cultural.
Hombres y mujeres se conducen con actitudes y comportamientos propios de su género, ya que incorporan su condición social de mujer o de hombre; de lo contrario transgreden las normas y las pautas sociales, cuya consecuencia es el rechazo social expresado por la violencia y la discriminación.
Al incorporar ser hombre o ser mujer piensan, sienten, viven, tienen intereses, se enferman, sufren y están alegres de manera distinta; se viven como sujetos diferentes, tienen una subjetividad masculina o femenina. El género es constitutivo de la subjetividad que se integra con la identidad.
La subjetividad de cada persona se refiere a sus formas de pensar, de verse a sí misma, a los demás y al mundo, a sus preocupaciones, prejuicios, anhelos, deseos y fantasías; es forma de ver y vivir la vida, con los afectos y las emociones que motivan y frustran.
La subjetividad es eso que cada sujeto en su contexto es; corresponde a la unicidad, a lo constitutivo del individuo. Cada quien aprende e internaliza de acuerdo con sus posibilidades los diferentes mandatos de género para cumplirlos o desobedecerlos. Así, hombres y mujer como colectivo se comportan y piensan como tales, pero en lo individual, cada uno vive una situación diferente que construye su subjetividad particular.
El sistema patriarcal promueve el dominio del género masculino sustentado por los hombres, en el cual las mujeres ocupan el lugar de sumisión. Los contenidos del sistema patriarcal son la síntesis de la concepción sexista del mundo.
Fuente: Violencia Familiar y Adicciones. CIJ