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UNO MENOS

Salvador Farfán Infante

El noviazgo nos remite a la idea de que es la etapa donde todas las parejas únicamente viven dicha y felicidad, es decir, se trata de un periodo de enamoramiento y satisfacción, por lo que las conductas violentas suelen pasar inadvertidas.

El noviazgo o inicio de relaciones amorosas se presenta durante la adolescencia, tapa en la que la mayoría de los seres humanos se encuentra en la “búsqueda” de la aceptación de sus pares, en el conocimiento de sí mismo y de aquéllos que lo rodean, compañeros de escuela, vecinos, etcétera.

La adolescencia es una época de cambios no es suficiente la manifestación afectiva de la familia; se requiere establecer relaciones con otras personas. De un momento a otro los adolescentes se encuentran involucrados emocionalmente. Lo ideal es que sean felices mientras dure esa relación, sin embargo, también en el noviazgo puede existir la violencia.

Cuando se habla de violencia de pareja, casi siempre se piensa en un matrimonio que convive cotidianamente; desafortunadamente, la violencia también existe en las relaciones de noviazgo y puede ocurrir en la primera cita o varios meses o años después y ser el inicio de una vida en pareja marcada por el maltrato.

La mayoría de las veces la conducta violenta es ejercida por un hombre hacia una mujer es muy difícil que quien la padece o la ejerce la perciba debido a que se confunde con una expresión de interés y amor.

Al igual que en la violencia de género, también existen diversas maneras de manifestarse en el noviazgo, entre las que destacan, el control de las actividades del otro, los celos, las exigencias, la amenazas, la prohibición de actividades, la vigilancia sobre la forma de vestir, el obligar a la pareja a tener relaciones sexuales, el inducirla al consumo de drogas y los golpes o empujones.

La violencia en el noviazgo se encubre y justifica con afirmaciones tales como: “Es posesivo porque te quiere”, “no te controla, te cuida”, “no es celoso, teme perderte”, “si nos casamos cambiará”, “los hombres son violentos por naturaleza”, “le pegó porque estaba borracho”; por tratarse de una relación de noviazgo entre adolescentes, suele pensarse que “es cosa de la edad”.

Es importante dejar claro que nada justifica la violencia, en ninguna circunstancia; el amor no debe estar asociado con el sufrimiento. Pensar que con el tiempo el agresor cambiará es falso, nadie cambia a petición o por necesidad ajena.

Por mucho que en la adolescencia las personas se sientan “enamoradas”, deben revisar la forma de relacionarse; por ejemplo, reflexionar en la manera de compartir y organizar tiempos, estudios, necesidades, intereses de ambos; todos son importantes, no sólo los de alguien en particular.

Los celos son un problema de quien los padece; no se trata de una “falla” de la pareja, no es válido que “jugando” haya bofetadas disfrazadas de caricias o que en lugar de un abrazo se dé un jalón, esas conductas manifiestan violencia.

Debe existir un pleno respeto a la autonomía y los espacios de la pareja; por ejemplo, no se deben permitir visitas intempestivas cuyo objetivo sea espiar, controlar, vigilar.

Como se mencionó, el noviazgo es una etapa de conocimiento mutuo, la unión de una pareja está marcada por sueños, intereses y proyectos comunes; la violencia en este periodo detiene cualquier meta, limita la acción y la calidad de vida se ve disminuida cuando existe maltrato.

En ese conocimiento mutuo se debe estar alerta a diversas señales que pueden evidenciar si la pareja es una persona violenta; por ejemplo, provenir de una familia donde los hombres son considerados superiores a las mujeres, conductas posesivas que obligan al abandono de amigos o familiares, celos enfermizos, prohibiciones en la forma de vestir, caminar, hablar, arreglarse, la crítica frecuente a la familia y amistades, la prohibición a estudiar o trabajar.

Cuando alguien se encuentra en una relación de noviazgo violenta debe de tomar medidas de protección inmediatas; por ejemplo, pedir ayuda a su familia, profesores, amistades o solicitar apoyo profesional. No debe aceptar romper relaciones de amistad, condicionamientos de ningún tipo, ni permitir el abuso físico, emocional, sexual o económico; las consecuencias de un noviazgo marcado por la violencia pueden ser sufrimiento, depresión, fracaso escolar, aislamiento y establecer relaciones violentas en la edad adulta.

Fuente: Violencia Familiar y Adicciones. CIJ

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