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Pedro Peñaloza

“Tu poder radica en mi miedo;

ya no tengo miedo, tú ya no tienes poder”. 

Séneca

El discurso y la realidad riñen con la presidenta Sheinbaum. Cree que es posible obstaculizar los hechos verificables con propaganda reiterada como, “las cosas van bien” o “el pueblo está feliz”. Los placebos verbales de Palacio buscan responder a las clientelas cautivas y confundir a ciudadanos desinformados. El aparato mediático de la 4T está diseñado para imponer un solo pensamiento. Los medios públicos son grotescos, un atentado a la discusión y pluralidad.

Los canales televisivos 11, 14 y 22 son carpas de conspiradores abyectos al gobierno; las frecuencias oficiales son usadas para reforzar y repetir la existencia de un país imaginario, además son aburridos y planos. Este modelo nada tiene que envidiar a las dictaduras de la región. El ropaje de izquierda democrática se contradice permanentemente. Son ecos de los desplantes y prácticas del inventor de la 4T.

Su estructura autoritaria (e ineficaz) atraviesa sus políticas públicas. Su presumida estrategia de seguridad tiene el objetivo de atraer reflectores sin afectar a las estructuras de la delincuencia organizada. Otra vez, descabezar no desarticular.

La entrega de transferencias directas sube como aumentan las penas y los delitos. Las becas y el dinero son proporcionales al clientelismo y el corporativismo. Las manifestaciones callejeras, los reportajes periodísticos críticos, la toma de casetas, las protestas de transportistas, las madres buscadoras, los padres que exigen medicinas, los jóvenes inconformes y los reportes de organismos internacionales acerca de la violencia expansiva, es promovido por la “derecha internacional”. No importan las demandas que enarbolan, no son auténticas, obedecen a “intereses de partidos”, según la talentosa secretaria de Gobernación.

Esta construcción binaria polariza cualquier diálogo, donde el gobierno bueno, la voz verdadera del pueblo, es atacada por los “enemigos del progreso”, que buscan regresar a los privilegios, que son racistas, corruptos, golpistas y neoliberales. Frente a los logros de Morena, que hoy nos ofrece un crecimiento económico más que mediocre (0.2% según el Banco mundial y 0.26% el FMI), la pinza autoritaria se cierra.

La minoría gobernante está desesperada por sus promesas fallidas, pero, sobre todo, por la presencia de un movimiento emergente de carácter multisectorial que proviene de la asfixia democrática que ha impuesto un régimen sin contrapesos. Los únicos recursos del gobierno, por un lado, son las aspirinas sociales que adormecen a las masas y, por otro, las carpetas de investigación, auditorías y congelación de cuentas. El grupo gobernante se solaza en las nubes de su Leviatán autoritario, aunque la pradera está seca y las múltiples crisis les pueden estallar en la cara.

Por enportada

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